“ZOOLÓGICOS HUMANOS” por Marta Arnaus

Durante el s. XIX y hasta mediados del XX, en Europa se exhibía a los seres humanos en zoológicos donde eran admirados por curiosos visitantes amantes de lo exótico y de la diversidad. Mirar hacia atrás y ver lo que hacían nuestros antepasados, puede no ser muy grato, pero se convierte en una necesidad para reflexionar sobre el presente y poder cambiarlo.

Hace unos tres años, en el Museo de Quai-Brainly de París, tuvo lugar una aclamadísima exposición llamada “Exhibiciones. La invención del salvaje”, impulsada por el ex-futbolista francés Lilian Thuram y respaldada por Pascal Blanchard, investigador del CNRS (Francia), uno de los centros de investigación científica más importantes a nivel mundial.  Esta exposición supuso un paso importante para dar a conocer al gran público una etapa del pasado de occidente que a menudo es silenciado.

Durante la segunda mitad del siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX, humanos (hombres, mujeres y niños) eran usados para su exhibición en ferias, números de circo, espectáculos de cabaret, así como también para fines académico-científicos, en las clases de anatomía y medicina de las más prestigiosas universidades europeas y en “punteros” laboratorios científicos de vivisección.

En las exhibiciones de humanos, llamadas “Exposiciones etnográficas”, se mostraban personas humanas provenientes de pueblos primitivos de África, América, Oceanía y Asia, donde habían sido secuestradas. Se exhibían en familia y en jardines que intentaban reproducir sus hábitats y modos de vida, para que los visitantes pudieran hacerse una idea de cómo vivían los “salvajes” en su entorno natural; era una manera de reunir en un único recinto una diversidad natural y exótica a la que de otra manera las gentes de Europa no podían acceder. Por cierto, puntualizar que, desde la perspectiva de la época, estas personas no habían sido secuestradas, sino más bien robadas, pues no eran consideradas personas y formaban parte sin más del botín colonial e imperialista gracias al cual los europeos llenaron sus más reputados  y prestigiosos museos de Arte e Historia. Dicho sea de paso que ese botín de guerra todavía hoy no ha sido devuelto y los museos europeos siguen exhibiéndolo sin pudor y lucrándose gracias a él.

Los motivos que justificaban la existencia de estas ferias de “salvajes” eran el entretenimiento y la divulgación, estando legitimadas científicamente por instituciones científicas, como la Sociedad de Antropología, que consideraban que los zoológicos humanos eran útiles y necesarios para preservar la diversidad biológica del Planeta, pudiendo así “atrapar” en un recinto una diversidad natural en extinción, pues simultánea y “casualmente” los propios europeos estaban destruyendo y saqueando los hábitats y lugares de origen de estos humanos. En este sentido, la antropología cultural y biológica, que estaban en auge a finales del XIX, jugaron tristemente un papel clave en su desarrollo.

Las exhibiciones humanas partían de la fascinación y, a la vez, necesidad de conocer al “otro”. Históricamente en occidente, el mito del salvaje ha servido para definir y delimitar nuestra identidad como grupo. El pensamiento humano tiende a clasificar el mundo de manera dualista (nosotros vs. otros, civilización vs. barbarie, luz vs. tinieblas, hombre vs. mujer, humano vs. animal, etc.), en este caso, “el salvaje” nos define por contraposición, es nuestro negativo fotográfico, nuestro espejo reverso, en él se refleja todo lo que no queremos ser.

El surgimiento de este tipo de exhibiciones se vio facilitado por dicho pensamiento dualista, presente en el imaginario popular, junto a un pensamiento científico de la que se basaba en una premisa hoy demostrada como errónea, la cual defendía la existencia de rasgos biológicos y fenotípicos llamados “razas”, que clasificaban y jerarquizaban a los humanos. El apoyo de la comunidad científica era clave, pues avalaba y legitimaba el colonialismo y justificaba la brutal explotación de los territorios ocupados allende los mares.

En definitiva, los zoológicos humanos constituían una “bonita” y “entretenida” puesta en escena de nuestra cosmología, ordenación, clasificación y jerarquización del mundo, hecha a partir del concepto de raza y según una gradación evolutiva, en la que los grupos humanos existentes se ordenaban en una escala ascendiente de salvaje a civilizado.

Pues bien, dicho esto, me gustaría proponer al lector un sencillo ejercicio: por favor, vuelva al inicio del artículo y empiece a leerlo sustituyendo la palabra “humano” por “animal”, y la palabra “raza” por “especie”. ¿Le parece igual de espantoso y bárbaro? ¿O tal vez, no tanto? ¿Qué es lo que hace que a uno le pueda parecer más aceptable lo segundo y absolutamente inaceptable y atroz lo primero?

Hoy en día, especialmente gracias a la Antropología, en un intento obsesivo por reparar, si es que se puede, su “pecado original”, se ha desmontado el concepto de raza y, por tanto, desmantelado el concepto de salvaje en torno a los humanos. Sin embargo, la palabra con la que comúnmente se conoce a estas exhibiciones humanas debería alertarnos: “zoológicos humanos”. Es decir, lo que hoy sigue produciendo escalofríos a la mayoría de personas sobre las exhibiciones humanas de antaño, es el hecho de ver cómo los seres humanos eran tratados cómo animales, lo cual les parece extremadamente cruel y atroz. Y por supuesto lo era. Lo que pasa es que se ha superado el concepto de raza, pero no el de especie como elemento de clasificación y jerarquización. El pensamiento dualista sigue operando alrededor del concepto de especie, y el mito del salvaje sigue estando construido en torno al concepto de animal. La definición de “persona” sigue delimitándose por oposición humano vs. animal, vistos ambos como naturalezas que se autoexcluyen y se oponen.

Ojalá que dentro de unos años nuestros descendientes monten una exposición sobre “Zoológicos” (así, a secas), en la que sus visitantes se queden absolutamente perplejos al contemplar cuán bárbaros, crueles y atroces somos hoy.

VV.AA., Zoos humains, Paris, La Découverte, 2002.

Báez, Chistian, Mason, P. “Zoológicos humanos. Fotografías de fueguinos y mapuches en el “Jardín de Aclimatación de París”, siglo XIX”. Pehuén Editores, Santiago, Chile, 2006

Documental: Hans Mülchi, “Calafate, Zoológicos humanos “(2010), Chile, 93 minutos.