VIENTRES VACIOS por Elena Castro

Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Pero en un planeta superpoblado, y en una sociedad capitalista donde los valores se cuestionan a diario, cada vez más personas se replantean el supuesto designio natural del útero de contener un bebé. Dos mujeres nos cuentan su experiencia al decidir no tener hijos y actuar en consecuencia.

Audrey García es activista por los derechos de los animales en Igualdad Animal. Se esterilizó de forma voluntaria el pasado año. ”Nunca quise tener hijos biológicos y ya hace años que investigo las posibles soluciones para tener el control absoluto sobre mi cuerpo. El verano pasado, descubrí el procedimiento Essure y me pareció perfecto. Lo hubiera hecho sin duda a los veintipico si hubiera conocido este método, aunque dudo que la sociedad médica me lo hubiese permitido, parece ser que si no tienes más de 30 años no te hacen caso”.

Marilu, mejicana afincada en Barcelona, no tuvo la misma suerte. Todavía en la veintena, ha sido rechazada como candidata a esterilizarse voluntariamente en varias ocasiones. “Los médicos ni te preguntan nada. Te dicen que no sabes de qué hablas y ya está. Una vez hasta me echaron de un consultorio. Una médica incluso me dijo que el procedimiento está reservado para las “deficientes mentales”. ¡No le dolió decirlo!”.

Ante esta situación, Marilu ha decidido crear en Facebook una página que ponga en contacto a gente que tiene preguntas sobre cómo obtener la esterilización y gente que ya ha pasado por eso, de modo que puedan intercambiar experiencias e información. La página se denomina Esterilización voluntaria: un derecho humano básico. La acogida por parte de la gente a esta página ha sido positiva, cosa que ha sorprendido a Marilu: “Hay más gente a favor de lo que creía. Muchos no hablan por miedo a romper el tabú o a herir susceptibilidades”.

Tanto Marilu como Audrey tenían claro que no querían tener hijos. Señalan que la pregunta más recurrente es por qué hacer algo tan definitivo e irreversible, para lo que ellas tienen también la respuesta muy clara: “Tener hijos también es definitivo e irreversible, para toda la vida. No todas tenemos por qué quererlos”. “Parece que solo valiera por mi útero y lo que saliera de él…”.

Como prueba de que la irreversibilidad de la esterilización no es un problema, tenemos las cifras que recogen los propios centros que realizan este tipo de intervenciones, las cuales reflejan que sólo un 10% de las personas que se someten a ellas, hombre y mujeres, se “arrepienten”. Eso quiere decir que hay un 90% de individuos que permanece satisfecho con la decisión tomada por el resto de su vida. Si contrastamos estos datos con el porcentaje de embarazos no deseados que se produce en el mundo, que se estima en un 50%, estamos ante unas cifras que denotan un éxito más que considerable. ¿Debería ser una única opción? Por supuesto que no. Simplemente, debería ser una opción más barajada y menos tabú. Como dice Audrey, “en una época donde los que nos dirigen intentan impedir el acceso al aborto y a ciertos modos de contracepción, creo que es indispensable conocer otras opciones”.

Una vez sabemos que no queremos tener hijos, podemos tomar la decisión de esterilizarnos, o no, y a eso volveremos luego. Pero ¿qué lleva a un individuo (una mujer en este caso) a decidir no tener hijos? Igual que en la mayor parte de los aspectos de la vida uno parece simplemente poder vivirla “sin más”, cuando se trata de tomar decisiones diferentes a lo establecido durante siglos, se ve abocado a dar mil explicaciones para un acto que es únicamente suyo. Un individuo puede no querer tener hijos simplemente porque no. Pero también podemos escoger entre todas las que nos expone Audrey en la nota que publicó en su Facebook, o las que otras personas compartieron solidariamente con ella:

  • Del mismo modo que abogamos por esterilizar a los animales “de compañía” para evitar camadas indeseadas, veo indispensable controlar la natalidad humana
  • No querer hijos no es egoísta
  • Decidir traer niños en este mundo no es una decisión de amor. Se traen porque la gente tiene ganas de ello
  • Si tenemos un hij@, no hay ninguna manera de estar segur@ que este hij@ […] será lo menos dañino posible para los demás
  • Además del consumo inevitable de productos animales y del inmenso sufrimiento que conlleva, estos nuevos humanos van a consumir, gastar recursos, contaminar, etc.
  • A los que no queremos hijos, se nos opone a menudo el argumento: “pero si vosotros no hacéis hijos, ¿quién?”. Este argumento no es válido, lo que importa es inculcar valores a las nuevas generaciones, no crearlas
  • Vistas las reformas de la Ley del Aborto y las tentativas de reducir el acceso a la contracepción oral, no vamos a poder tener control de nuestros cuerpos
  • No es la era adecuada
  • No queremos postergar los valores existentes (imposible educar en otros)

Quizá aquí el debate no deba ser por qué hay individuos que no quieren tener hijos, sino por qué todo el mundo puede tenerlos indiscriminadamente. En 2013, Unicef revela que el 71% de los niños convive en sus hogares algún tipo de maltrato. ¿Quién debería ser, pues, cuestionado?

En cuanto a los métodos de esterilización femenina, el desconocimiento es bastante grande. Audrey señala que el método que ella utilizó, Essure, es el más rápido, efectivo e inocuo, y que existe desde hace diez años, pero su propia ginecóloga no sabía de su existencia. Consiste en la colocación de dos tubos en las trompas de Falopio, lo que produce una inflamación que impide el paso de los espermatozoides. Esa inflamación convierte el proceso en irreversible al cabo de tres meses. De la misma manera que los hombres tienen acceso e información a la vasectomía, prácticamente sin ser preguntados por sus razones, edad o número de hijos, la mujer tiene derecho a saber de la existencia de este procedimiento alternativo, sin hormonas, sin anestesia y ambulante. Porque somos más que lo que nuestro útero transporta.