TERCIO DE MUERTE por Cristina Izquierdo

Miles de toros y novillos son asesinados cada año en un cruento espectáculo donde público y torero participan de la sangrienta exaltación de la tortura y la muerte de un ser sensible. Enrique Nafría disecciona el entramado del negocio taurino y lo sitúa en el contexto más amplio de la opresión animal.

tercio_toro2

Foto: Jon Amad – The Animal Day

En el último tercio o tercio de muerte, el toro es atravesado con una espada (estoque) de 80 cm de longitud, que penetra en su cuerpo destrozando hígado, pulmones, diafragma, pleura u otros órganos internos en función de la trayectoria de la lanzada. En muchos casos, los “matadores” fallan sus estocadas y deben repetir una y otra vez la introducción del estoque, no siendo infrecuente que el animal llegue a recibir hasta diez estocadas consecutivas. Cuando la espada secciona una arteria mayor, se aprecia hemorragia en hocico y boca, y el animal comienza a vomitar sangre de manera copiosa. Agónico, el toro busca inútilmente con la mirada la salida que le lleve al campo del que fue arrancado, muge lastimeramente y, con “suerte”, verá llegar el final de su tormento al morir ahogado con la sangre de sus pulmones horadados.

Pero los bóvidos exhiben una extraordinaria resistencia y un acusado instinto de supervivencia, y tales atributos prolongan, en muchos casos, su agonía, manteniéndoles con vida a pesar de los terribles daños sufridos por la espada. Entonces, sus torturadores recurren a un artilugio con forma de daga denominado “puntilla”, con el que intentan seccionarle la médula espinal a la altura de las vértebras atlas y axis. Con esta nueva lesión, el toro pierde el control sobre su cuerpo desde el cuello hacia abajo y cae aparentemente muerto, pero, con frecuencia, hacia arriba la sensibilidad se mantiene intacta y el animal sigue consciente mientras le cortan el rabo y las orejas para ser exhibidos como trofeos por su asesino.

Este es el tercio de muerte, el último acto de la masacre taurina, la culminación de la barbarie aplaudida por la muchedumbre enfebrecida de sangre. “Tercio de muerte” es también el título del último libro publicado en el Estado sobre la tauromaquia. En él, su autor, Enrique Nafría Prada, nos acerca una nueva y reveladora perspectiva en torno a uno de tantos negocios basados en la opresión de individuos de otras especies. Así se presenta el contenido de la obra en la reseña de su contraportada:

“Decir que tenemos entre las manos otro libro contra la tauromaquia sería sesgar la información sobre el mismo.
La riqueza de este alegato contra la opresión radica en el contenido que su autor ha tejido como una gran tela de araña, en la que el hilo de las corridas de toros recorre un entramado de escalofriante realidad que saca a la luz, una vez más, la opresión que sufren los otros animales. Cada uno de sus capítulos es un alarido de justicia que, paradójicamente, se desprende de sentimentalismos para rebatir -de forma seria y contrastada- cualquier punto en el que ilusoriamente se apoya la esclavitud que soportan los animales sometidos. Desde la cría hasta el asesinato en la plaza, pasando por las políticas relacionadas con la actividad taurómaca, o por reflexiones acerca del significado de identidad, tradición y arte, las verdades son puestas de manifiesto de manera irrefutable en este trabajo. Tercio de Muerte. Alegato contra la opresión reivindica conceptos como justicia, derecho o igualdad para nuestra relación con los animales no humanos. Con su lectura nos sumergiremos en el siempre abierto debate de los toros pero, en esta ocasión, lo descubriremos empapado de matices que hacen visibles otros frentes de la lucha por la Liberación Animal y su conexión con otras formas de tiranía.”

“Tercio de muerte” nos habla pues de la tauromaquia, sí, pero lo hace encuadrándola en el contexto más amplio al que pertenece, el de la realidad de injusticia y opresión generalizada que sufren el resto de animales a manos del humano. Porque la atrocidad taurina no es un hecho diferencial, sino que hunde sus raíces en el mismo trasfondo ideológico especista, que constituye la fuente y el alimento de todas las formas de conculcación de los derechos de los individuos no humanos.

Mientras se mantenga viva y pujante la noción de superioridad de nuestra especie frente al resto, sobre esa premisa, continuará justificándose y defendiéndose como legítima la dominación de los animales y su uso como recursos para satisfacer cualquier necesidad humana.

ETHICALMAGAZINE1297La tauromaquia debe ser abolida, pero no por su especial crueldad o por su fin de mero entretenimiento, sino porque no existe justificación moral alguna para el ejercicio de ninguna forma de explotación sobre individuos que, al igual que todos nosotros, sienten, son conscientes de su vida y desean vivirla en libertad.

La “fiesta”, que algunos, pocos, reclaman como señal identitaria del más rancio patriotismo, tiene sus días contados, pero millones de animales continuarán clamando justicia en granjas, mataderos y otros centros de explotación, mientras su sangre riega la arena de la plaza vacía de nuestra conciencia dormida.

Despertar a la realidad de igualdad que nos une y actuar en consecuencia es la única esperanza para los oprimidos; es el único camino hacia su liberación.

Leer artículo completo AQUÍ