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“ACTIVISTAS TODOTERRENO: UNA CARRERA 4X4″ por Paula González

ACTIVISTASLa linea invisible que nos trazamos entre el deber y el placer, el trabajo y el ocio… desaparece en aquellas personas que son capaces de combinar con inteligencia y destreza lo que les gusta y lo que no, motivadas por un sentido del deber superior y un conocimiento preciso de sus capacidades.

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“EN EL PUNTO DE MIRA” por Noemí Alba

El poder actual extiende sus tentáculos gobernando nuestras ideas mediante televisores, publicidad, márketing, escuelas, etc. Pero cuando todos los medios de control fallan, la represión más dura entra en juego. Es la violencia estatal ejercida por los organismos de autoridad, para dominar sujetos considerados una amenaza al orden social.

El sistema es el conjunto de relaciones que se establecen entre los individuos y grupos, con la finalidad de constituir cierto tipo de colectividad que llamamos sociedad, en la cual cada persona forma parte de un todo regulado por las instituciones dotadas de autoridad. El poder constituido trata de mantener la estabilidad, siempre frágil, del sistema mediante distintas tácticas como la manipulación de la opinión pública, el control de los medios de comunicación, maniobras diversas de distracción y en último caso la represión entendida como el uso de coacción directa sobre individuos u organizaciones que desafían a las políticas del gobierno o a las instituciones de poder. » Read more

“SÁHARA: OCUPACIÓN Y RESISTENCIA” por Sara Mesa

SAHARACoincidiendo con la ratificación del acuerdo de pesca entre la UE y Marruecos, que incluye de forma ilegal las aguas del Sáhara Occidental, 7 activistas canarias se desplazaron hasta el Aaiún ocupado para desarrollar la primera manifestación internacionalista y mostrar así la vulneración de los derechos humanos, sufriendo en su propia piel la represión marroquí.

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“MEDIOS DE MANIPULACIÓN” por Ariana Olivares

Ver un partido o jugarlo, comer menos o tomar pastillas para adelgazar, leer un libro o ver la película. La vida cómoda reina en la sociedad actual. ¿Pensar? ¿Cuestionar? ¿En qué medida los medios de comunicación lo hacen por nosotras?

Vivimos en una sociedad cómoda. Los avances tecnológicos y el ritmo de vida frenético nos han conducido a una vida donde todo se consigue en 5 minutos y con el menor esfuerzo: comida precocinada de microondas, comprar por internet, conocer gente sin salir de casa, información a golpe de clic, etc. Esta pasividad no sólo abarca el ocio y las costumbres del día a día, también se ha extendido a otras áreas, las cuales una vez fueron importantes para la ciudadanía, pero que hoy, gracias al cambio en las prioridades de las personas o al estilo de vida impuesto, han pasado a un segundo plano. Se trata del ámbito político y, en general, de todas aquellas decisiones referentes a la educación, la sanidad, la libertad como personas o el grado de esclavitud al trabajo que tenemos.

¿Por qué este cambio de vida?

El marketing tiene mucho que ver. El eterno debate entre la necesidad creada o la que ya existía pero de la que no éramos conscientes. En el mundo, las empresas que controlan los medios de comunicación son siempre grandes empresas capitalistas asociadas a partidos políticos, es decir, todo aquello que vemos y oímos, incluso sin darnos cuenta, a diario, está controlado por quienes nos dicen que podemos escoger. ¿Somos realmente libres y dueñas de nuestras vidas o nos limitamos a elegir entre las opciones que nos dan?

Al igual que sucede en los anuncios, los políticos o las personas que ejercen influencia sobre la ciudadanía (periodistas, presentadores/as), se encargan de repetir incesantemente determinadas ideas o ideologías que, a base de insistir, terminamos aceptando como nuestras sin haber reflexionado previamente. De ahí que se considere a personajes de la historia como dictadores sin ni siquiera saber nada sobre lo que han hecho, por ejemplo, o que relacionemos ciertas actitudes o actos con determinadas culturas o nacionalidades. Como decía Walter Lippmann, al rebaño desconcertado, o la mayoría de la población, de vez en cuando se les permite decir “queremos que tú seas nuestro líder”, y una vez liberados de esta carga, se espera de ellos que se conviertan en espectadores de la acción y no en participantes.

Otra gran aportación de los medios de comunicación es la superficialidad y el sometimiento al qué dirán. Se antepone la opinión de personas que en muchos casos ni nos importan, a aquello que realmente deseamos o nos gustaría hacer. Nuestra vestimenta nos adjudicará una categoría, nuestros estudios otra, igual que nuestras preferencias sexuales o nuestra ideología. El problema es que a menudo no estudiamos o hacemos lo que queremos, ocultamos o tenemos miedo de hablar de nuestra sexualidad y nos callamos ante las injusticias porque hemos aprendido, de nuevo a base de repetir, que hay que aceptar las cosas como son porque ya existe un orden que debemos respetar. Orden que nadie sabe quién ha creado ni a quién beneficia en realidad, aunque por suerte, hoy estas cosas se han hecho más evidentes gracias a la crisis-estafa.

Un reciente artículo revelaba que uno de los motivos por los que mucha gente se muestra reticente a colaborar en los movimientos sociales es la mala imagen que tienen los activistas. ¿Quién se encarga de elaborar esta imagen? Nadie conoce a todas las personas activistas o militantes del mundo como para saber que se trata, supuestamente, de personas que no quieren estudiar, que se bañan poco o cuyo problema, en realidad, es que están frustrados porque les gustaría tener riqueza como aquellos a quienes condenan. Por tanto, volvemos al poder que tienen los medios de comunicación para condicionar nuestras ideas y los juicios que elaboramos en base a ellos. Sólo hace falta ver más allá de las 4 fotos de los periódicos más importantes del mundo (cuyos dueños ya hemos mencionado), para ver que los activistas o simplemente personas indignadas, son también abuelos, trabajadores, gente alta, baja, rubia y morena, independientemente de las etiquetas que les pongamos por su apariencia de acuerdo a, otra vez, aquello que nos ha enseñado la televisión e internet.

El activismo hace referencia a todas aquellas acciones que se llevan a cabo con la intención de cambiar algo, relacionado con aspectos políticos, sociales o religiosos principalmente, y que se da como respuesta a las decisiones o medidas que ciertos colectivos toman. Gracias al activismo o militancia durante nuestra historia (movimientos sociales reivindicativos), hemos conseguido mejorar nuestra condición de esclavos del trabajo y tener ciertos derechos, como tener un hogar,  la jornada de 40h con vacaciones pagadas, protección ante el despido, el hecho de que las mujeres puedan votar y estudiar, que la homosexualidad no sea condenada, etc. Cosas que ahora nos parecen de lo más normal, pero que sin embargo, tenemos por la lucha continua de una parte de la población, hoy insuficiente. Es algo que no debemos olvidar, puesto que en este momento, estamos viendo caer muchos de estos derechos ante la mirada impasible de millones de jóvenes y adultos.

Como decía Marx, la historia de la sociedad humana es una historia de lucha de clases.  Por tanto, es siempre un enfrentamiento entre los intereses de un bando frente al otro, dentro de un sistema que se mantiene o se reproduce en base a esto. Es decir, en el capitalismo, los beneficios que obtienen unos se consiguen a través de mermar los del bando opuesto.

Tal vez va siendo hora de que dejemos las comodidades y las opiniones de los demás a un lado y nos cuestionemos todo lo que vemos, implicándonos en aquello que nos afecta o que, al menos, nos parece relevante. No solo porque es obligación y derecho de todas el participar en la toma de decisiones, sino también, porque la solidaridad o el cambio empiezan dentro de nosotras; no podemos esperar a que la ley cambie, nos llueva dinero o algún juez/a se pronuncie a favor de los derechos de la ciudadanía; debemos informarnos y participar en iniciativas en nuestra comunidad, como huertas, acogida de personas o actividades solidarias. Para todo hará falta gente, pero es que esa gente, somos nosotras mismas.