SEXO Y DIVERSIDAD FUNCIONAL por Verónica Portillo

Una regla básica a la hora de referirnos a las personas debería ser el considerar que todas somos individuos únicos, con características que nos hacen irrepetibles en todos los aspectos de nuestro ser y nuestra vida. Por otro lado, formamos parte de una sociedad establecida en base a unos parámetros que pueden dar lugar a una marginación más o menos intensa de los integrantes que no están dentro de lo que denominamos “normalidad”.

Foto: yes, we fuck!

En este momento me gustaría hacer una pequeña reflexión, porque ¿qué significa ser “normal”? Probablemente, es un término muy empleado en nuestro vocabulario, pero a la hora de definirlo no lo tendremos tan claro, pues hace referencia a esos parámetros a los que aludía antes, que han sido establecidos, como muchos otros asuntos culturales, de forma bastante azarosa y absurda, dando por hecho que todos y todas cumplimos ciertos estándares, una suposición rotundamente falsa.

La realidad es que, sean cuales sean nuestras características y nuestras condiciones, podemos vivir la vida y gozar de los regalos que nos ofrece, y aquí es donde entra en juego la sexualidad.

El sexo es parte esencial del ser humano y parte esencial de los placeres de la vida, e independientemente de cómo seamos, todos tenemos el Derecho de poder disfrutar de nuestra propia sexualidad. Pero, a la práctica, no a todos y todas se nos permite por igual la posibilidad de este disfrute. ¿No es cierto, por poner ejemplos cotidianos, que los tabúes son mayores al hablar de la sexualidad femenina, o de orientaciones sexuales o identidades de género no normativas? Y respecto al tema que hoy nos ocupa, ¿qué sucede con la sexualidad de personas con diversidad funcional?

Lo cierto es que existe un gran estigma asociado a la sexualidad de estas personas; una serie de creencias falsas acerca de un supuesto bajo potencial para disfrutar del placer carnal, así como de las posibilidades de que, en caso de tener descendencia, estos o estas puedan heredar ciertas discapacidades, ha hecho que a lo largo de la historia su sexualidad haya pasado a ser administrada por familiares o tutores legales, y en muchos casos sea ignorada o anulada casi por completo. La privación de una educación sexual adecuada a las necesidades concretas de estas personas genera, a su vez, la sensación de que tienen una sexualidad descontrolada, lo que da lugar a situaciones de expresión amorosa o sexual en las que las personas de su entorno incluso pueden llegar a ridiculizarlos.

A nivel legal, las cosas no han estado mucho mejor hasta la fecha. Suiza es el único país europeo con una legislación que recoge los derechos sexuales de las personas con diversidad funcional, y contempla la figura del asistente sexual como necesaria para el desarrollo personal completo de quienes lo requieren.

En resumen, este es el panorama en la actualidad. Por supuesto, no todas las discapacidades cuentan con el mismo grado de represión sexual, y no todos los casos son iguales. También existen familias dispuestas a apoyar a sus parientes con diversidad funcional a desarrollar sus capacidades en todos los ámbitos, incluyendo el sexual; profesionales que dedican gran parte de su tiempo a la evolución y el desarrollo de una sexualidad saludable y posible para sus pacientes; y organizaciones revolucionarias que se han cansado y desean avanzar, apostando por la autonomía de estas personas hacia la vivencia personal, única e irrepetible, de una sexualidad libre.

Es el caso de Yes, we fuck, que comenzó como la idea de un documental (en proceso) en el que numerosas personas con diversidad funcional expondrían algunas de sus experiencias sexuales. Hoy en día, la comunidad Yes, we fuck se ha convertido en un espacio donde reflexionar acerca de todas las cuestiones relacionadas con la sexualidad, el placer, el cuerpo, las experiencias de los participantes y la diversidad funcional. En lo referente al desarrollo de la sexualidad, la asociación Tandem Team Barcelona, que promueve valores y proyectos muy interesantes e innovadores a favor de la diversidad humana, cuenta ahora con Tandem Intimity, el primer proyecto en nuestro país que hace una propuesta explícita de la necesidad y los beneficios terapéuticos de la asistencia sexual para personas con diversidad funcional.

Como vemos, a pesar de que se trata de un tema olvidado para muchas personas, la sexualidad de aquellas que poseen una diversidad funcional existe y no puede ni debe ser obviada. La falta de conocimientos y los numerosos tabúes al respecto han creado a lo largo de la historia infinitas limitaciones que, gracias al esfuerzo e implicación de muchas personas, poco a poco están siendo destruidas para dar lugar a una nueva visión, más natural e inclusiva, de la necesidad y voluntad de todas las personas con diversidad funcional de experimentar también su parte más carnal, independientemente de su condición. En este sentido, es imprescindible visibilizar la realidad de estas personas, porque la sexualidad no deja de existir sólo con mirar hacia otro lado. La sexualidad aflora en todos nosotros, fluye y se disfruta más o menos en función del carácter positivo o negativo que le otorgamos, y no es justo establecer diferencias entre unos y otros.

Debemos seguir avanzando hacia la idea del placer como derecho inclusivo, por y para todos y todas. Queda aún mucho por hacer, pero estamos en el buen camino.