¿Prohibido criar y/o vender animales siendo particular? por Laia García Aliaga

A lo largo de los últimos meses, las redes sociales han traído a mí muchas personas solicitando información para denunciar a alguien que “había hecho criar a su perra” o “vendía los cachorros de su perra”, citaban textualmente. Vi la gran confusión que existía con el tema y me planteé escribir este artículo para tratar de esclarecer un poco los conceptos.

Foto: Gonzalo G. Useta

Foto: Gonzalo G. Useta

En primer lugar, me apena tener que decir que no existe una regulación estatal al respecto, sino que cada Comunidad Autónoma del territorio Español legisla este asunto como mejor considera. Siendo así que gran parte de las ordenanzas municipales prohíben la comercialización de animales sin disponer de las licencias y de los permisos oportunos, así como su venta en la calle o en lugares no adecuados para ella (legalmente hablando, porque éticamente hablando ningún lugar es adecuado para la venta de individuos). El incumplimiento de dicha prohibición, en las CCAA en las que existe la misma, es considerado una infracción grave y puede ser sancionada con cantidades elevadas de dinero (en algunos casos puede llegar, por ejemplo, a los 20.000 euros en el caso de reincidentes).

Es importante resaltar que en gran parte del territorio español se necesita disponer de núcleo zoológico, entre otras obligaciones, para poder ejercer la cría y venta de animales. No olvidemos que desarrollar una actividad comercial al margen del ordenamiento jurídico significa participar en la economía sumergida (hablando en llano, dinero que no se desgrava en Hacienda), además de poder ser considerado por un Tribunal como competencia desleal frente a las empresas y profesionales que sí cumplen con los requisitos legales para ejercer dicha actividad comercial.

¿Cuál es el mayor problema en los días que corren? Internet y la impunidad que otorgan la distancia y el anonimato. A menudo es difícil perseguir a aquellos particulares que anuncian la venta de cachorros que han hecho nacer en su casa sin ningún tipo de licencia, permiso o alta fiscal que pueda ser requerida para dicha actividad. Todo ello parece acusado con la crisis económica, la cual hace pensar a dichos particulares que es conveniente buscar dinero fácil, aprovechándose de otras especies para conseguirlo.

¿Qué podemos hacer? Deberemos hacer llegar a la Administración nuestra denuncia, aportando las pruebas de las que dispongamos y los datos de quien vende a los animales (a menudo se dirige dicha denuncia a la Consejería de Agricultura de la Comunidad Autónoma, pero esto podréis averiguarlo, si dudáis, llamando al teléfono de información de la vuestra). También deberemos acudir a la delegación de Hacienda más cercana y solicitar el modelo de denuncia pública tributaria (también disponible en la red) y entregarlo rellenado con los mismos datos. Para conseguir pruebas, suele ser efectivo hacerse pasar por posible comprador, pero recordad hacer algunas preguntas clave como las siguientes: “¿Me harás contrato de compraventa?” “¿Por cuánto me lo vendes?” “¿Está incluido el IVA?” “¿Me lo das vacunado con su correspondiente cartilla veterinaria?” “¿Dónde tienes la tienda?” “¿Ah, que son hijos de tu perra? Perdona, pensaba que te dedicabas a esto profesionalmente, muy bien pues lo hablo con mi madre/pareja/amigo y te digo algo.” Y todo esto que conste por escrito y podáis aportarlo como prueba.

En el caso de animales considerados legalmente exóticos, de granja y demás categorías que hemos creado para ellos, puede existir alguna especialidad no mencionada en el presente escrito (especialmente requisitos extraordinarios para el vendedor), motivo por el cual se debe estudiar cada caso concreto en su totalidad.

Debemos rechazar la venta de animales por razones éticas, pero como abogada me veo en la obligación también de contemplar el aspecto legal a parte del moral. Quiero dejar claro que comprar un animal a un particular es un riesgo asumido enorme y que los despachos que llevamos Derecho Animal recibimos a menudo consultas de casos en los que se compró un animal a un particular y murió de moquillo a los 5 días, que sufre displasia a los 5 meses, etc. En ocasiones, no constan ni la compraventa ni el pago del precio estipulado por el animal en ningún contrato o recibo y ello dificulta mucho las reclamaciones judiciales. Antes de comprar a alguien, sentémonos a pensar en quienes buscan un hogar en los refugios, perreras y en la calle. Sentémonos a meditar el asunto y entendamos que la vida de otro animal no debe servirnos para ganar dinero. Para ello, trabajemos.

Laia es abogada - www.ga-advocats.com