“Muertes invisibles. Vidas condenadas” por Cristina Izquierdo

A menudo nos cruzamos por la carretera con uno de esos camiones que transportan a los esclavos de la industria de un punto a otro de la cadena de explotación y muerte a la que son sometidos. La gente los contempla con aséptica indiferencia por un instante, antes de continuar con sus vidas, porque a nadie le importa el destino de estos animales, reducidos al estatus de mercancía y tratados como tal para satisfacer la demanda de un consumo responsable de su opresión.

Foto: traslosmuros.com

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El pasado 6 de Abril, un accidente de tráfico se saldó con alrededor de 650 fallecidos en Cenicero (La Rioja). Centenares de muertes de las que nadie hablará. En el camión siniestrado viajaban 800 cerdos y un humano al volante, que resultó herido, convirtiéndose en la única víctima oficial de la que los medios se harán eco.

Tras impactar contra el techo de un frontón, una parte de los pasajeros resultaron muertos en el acto, pero otros muchos quedaron con vida gravemente lesionados, agonizantes, sepultados entre los restos del vehículo o aplastados por los cadáveres de sus compañeros. Unos pocos lograron escapar y algunos de ellos encontraron la salvación a manos de voluntarios y activistas para los que sus vidas sí importaban y que acudieron en su auxilio.

Foto: traslosmuros.com

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Entre estas personas que concurrieron para posicionarse del lado de los animales, se encontraba también Tras los Muros, desplazado al lugar de la tragedia para dar testimonio de la realidad de opresión que viven los animales en cualquier contexto: “Dejando a un lado las diferencias obvias que son meramente circunstanciales hay algo que debería hacernos reflexionar. La magnitud del sufrimiento de los animales que viven explotados en granjas es tal que un accidente supone una liberación pues pone fin a una vida programada de constante sometimiento y abuso. ¿Hay algo más triste?”

Transcurridas unas horas, llegaría otro camión de la misma empresa para recoger a unos 150 supervivientes, los considerados “aptos” para continuar hacia su destino marcado, la granja donde serán mantenidos con vida por unos pocos meses, el tiempo justo para engordarlos hasta maximizar los beneficios de su venta como carne. Una existencia miserable, que acabará en el matadero con un cuchillo en la garganta.

foto: traslomuros.com

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Mientras tanto, la agonía de los heridos se prolongó por más de cinco horas, hasta que hizo acto de presencia el veterinario, cuya misión era rematarlos con una pistola de bala cautiva. Fue en el transcurso de esta operación, al remover escombros y pilas de cadáveres, cuando se descubrieron algunos cerdos prácticamente ilesos, cuyo rescate por parte de los activistas fue autorizado, aunque es importante dejar claro que dicho gesto respondió a razones meramente operativas, al haber partido ya horas atrás el camión encargado de recuperar a los animales considerados “útiles” por la empresa.

Así deja constancia Tras los Muros de ese momento: “Llegué muy tarde pero por lo que vi, nadie se opuso al rescate de animales por parte de un grupo de voluntarios que acudieron a la zona a rescatar a los supervivientes.”

Finalmente, las víctimas restantes quedaron amontonadas sobre el asfalto, algunas probablemente aún con vida en el momento en que una grúa procedió a su retirada, como si de desperdicios se tratara.

Foto: traslosmuros.com

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En palabras de Tras los Muros: “Los operarios trabajaban, como es habitual en todas las situaciones de explotación animal que he presenciado, bajo una atmósfera de normalidad. Eso siempre es lo más aterrador. Ser consciente de que a nadie le importan las injusticias que padecen los animales.”

E interrogado acerca de si encontró algún impedimento para documentar el suceso, responde: “No, ninguno. No entendían el interés que podía tener un fotógrafo en estar allí. Para todos ellos eran una pérdida económica, no individuos víctimas de una tragedia.”

Paradójicamente, circunstancias tan dramáticas como esta, en ocasiones, constituyen también la única posibilidad de salvación para los animales que se encuentran en poder de las industrias de explotación, una puerta abierta hacia su liberación. Así ha sido en este caso para un total de 16 cerdos, que pudieron ser finalmente rescatados. En esos primeros instantes de libertad, en sus rostros aún se reflejaba el terror, una emoción que acompaña siempre a los animales durante toda su vida en los centros de esclavitud y exterminio.
Dos de los cerdos han sido intervenidos recientemente con éxito de las fracturas que presentaban y algunos de ellos ya han encontrado su hogar definitivo en diferentes santuarios del estado, donde podrán crecer y vivir libres y a salvo por el resto de sus vidas. Lamentablemente, estos imprescindibles proyectos de liberación y solidaridad con las víctimas del especismo no cuentan con el apoyo necesario que les permitiría disponer de los medios materiales y humanos para poder dar refugio a todos ellos, por lo que para 6, la búsqueda aún continúa en estos momentos.

Foto: traslosmuros.com

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Por último, es importante no dejar nunca de señalar a los responsables de estas tragedias: las industrias criminales que trafican con las vidas de millones de víctimas y los consumidores responsables de esta masacre que no cesa.

Como todos los animales sometidos en granjas, los cerdos supervivientes del accidente en Cenicero, salvo los pocos que fueron rescatados, ya tienen programada la fecha de su muerte. Unos perdieron su vida en el asfalto, a otros se la arrebatarán en el matadero, a todos les habrá condenado el consumo que sostiene y perpetúa su opresión.