MELANIE JOY por Tes Nehuén

Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas”

“ — ¿Por qué comemos cerdos, pero no comemos perros?

Porque los cerdos se crían para eso, para comerlos.

¿Por qué criamos cerdos para comerlos?

No sé, no lo he pensado nunca. Supongo que porque las cosas son así.”

(Melanie Joy)

MELANIEDesde el momento en que nacemos, nos acostumbramos a amar a unos animales y a comer a otros. No es que los animales no nos importen; lo que ocurre es que nos educan para creer que algunos animales no humanos han nacido para ser nuestro alimento, mientras que otros, no. Para poder sostener tamaña contradicción, nos valemos de un recurso emocional que nos permite cambiar la percepción que tenemos de nuestro entorno: la anestesia emocional, la cual justifica la ambivalencia de nuestros actos. Solo así podemos respetar y amar a los perros, y alimentarnos y vestirnos con los cerdos y las vacas.

El carnismo es la ideología violenta que rige nuestras vidas. Una ideología que, como todas las violentas, es invisible y subsiste gracias a una serie de mecanismos sociales que se ejecutan de forma autómata e inconsciente cada vez que alguien intenta contradecirla. Una ideología que favorece a unos pocos y que destruye todo lo que toca. No solamente acaba con sus víctimas directas, millones de animales asesinados para ser convertidos en alimentos, sino que también amontona una larga lista de víctimas indirectas: empleados de la industria, consumidores o el Planeta, entre otros. Una ideología que se fundamenta en esa anestesia emocional que nos imponemos y cultivamos para no romper con la invisibilidad.

La industria de la carne es un inmenso sistema que no se adapta a las leyes, sino que es la ley misma. Se encuentra liderada por un poderoso y estrecho grupo que tiene en sus manos el porvenir de toda la sociedad. Un grupo selecto formado por un conjunto de personas que maneja el desarrollo, la distribución y las consecuencias de nuestra alimentación. Son ganaderos, matarifes, supermercados, farmacéuticas y legisladores al mismo tiempo, cerrando un círculo absoluto de manipulación y censura.

“Hay mierda en la carne”, dice Melanie Joy, porque cada kilo de carne viene aderezado con una mezcla descomunal de hormonas artificiales, utilizadas para favorecer un desarrollo progresivo y veloz. Y eso es lo que consumimos. Aunque en el fondo intuimos estas cosas, no sabemos cómo afrontarlas, y seguimos a la masa. Este libro ofrece respuestas a muchas de nuestras preguntas, y presenta nuevos interrogantes para esas premisas que damos por sentadas.

A los humanos nos importan los animales; sentimos empatía y no somos capaces, en nuestra total integridad, de perpetuar un daño a un individuo que sabemos siente y experimenta la existencia de una forma similar a la nuestra (como está probado científicamente que ocurre con la mayoría de los animales no humanos). Por eso, si supiéramos lo que realmente ocurre detrás de los muros del matadero, sentiríamos asco de nosotros mismos. Y si, como dijo Lennon, estos tuvieran paredes de cristal, tomaríamos la decisión de cambiar nuestra alimentación.

En esta obra, Melanie Joy nos invita a reflexionar sobre muchas cuestiones relacionadas con nuestros hábitos y nuestras decisiones, pero fundamentalmente nos insta a hacernos una pregunta: ¿Existe alguna razón social, de paladar, de tradición, de naturaleza o económica que justifique el daño y la tortura a otras personas y la destrucción de nuestro entorno?

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