“La muerte tenía un precio” por Cristina Izquierdo

En un mundo sustentado en dinámicas de dominación, los animales no humanos se llevan la peor parte, esclavizados y violentamente sometidos a manos del ser humano, que se apropia de sus vidas y dispone de ellas en su propio beneficio.

Para los opresores de las víctimas de la riada del Ebro, sus muertes tienen, y siempre tuvieron, un precio, ya sea marcado en el matadero  o determinado por el seguro en concepto de indemnización. 

Imagen: Tras los Muros - www.traslosmuros.com

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Con unas 20.000 hectáreas anegadas en Aragón, el desbordamiento del río Ebro ha saltado a la primera plana de todos los medios de comunicación. Innumerables crónicas, artículos y reportajes se ocupaban de cubrir el suceso. Todos, sin excepción, destacando que afortunadamente no ha habido que lamentar daños personales y colocando el foco de la noticia en las cuantiosas pérdidas económicas sufridas por las explotaciones agrícolas y ganaderas de las zonas afectadas.

Así, como “pérdidas económicas”, se refieren a los más de 20.000 animales (según los últimos cómputos), que han encontrado la muerte ahogados ante la indiferencia colectiva, atrapados sin escapatoria en el interior de las granjas, muchos de ellos tras días de agonía con el agua al cuello o aplastados por los cuerpos de sus compañeros en enormes pilas de cadáveres.

Para todos y cada uno de ellos, perder sus vidas ha sido un daño muy personal y marca la verdadera dimensión de una tragedia ignorada y silenciada, que no es la riada que en última instancia se ha llevado lo único que tenían, sino la explotación y el consumo que los mantenía allí, confinados tras los muros de las granjas, en una posición de absoluto sometimiento e indefensión.

Ahogados por la crecida de un río o ejecutados en el matadero de turno, estos animales, como todos lo que se encuentran presos en centros de explotación, siempre estuvieron condenados a una muerte atroz tras una vida miserable de sufrimiento y privaciones constantes.

Lo ocurrido en Zaragoza es un claro reflejo del lugar que ocupan el resto de animales, en un mundo donde el sistema de opresión especista se encuentra culturalmente interiorizado e integrado en la propia estructura de todas las sociedades humanas. Los animales son considerados como propiedades a nuestro servicio y como tales son tratados.

Volviendo al drama de las inundaciones del Ebro, que ni las instituciones ni los propios ganaderos hayan movido un solo dedo por evitar el fallecimiento de miles de animales responde, como no podía ser de otro modo, a intereses económicos, pues a mayores pérdidas declaradas mayores son los fondos públicos asignados a las administraciones locales de los municipios afectados y más cuantiosas son también las indemnizaciones que recibirán los ganaderos por parte de los seguros. La mayoría de las víctimas fueron abandonadas a su suerte deliberadamente por quienes, ahora y siempre, negocian y especulan con el precio de su muerte, encerradas en el interior de las explotaciones para impedir su rescate o cualquier posibilidad de escapar por sus propios medios. Y aquellos que aun así lograron sobrevivir fueron, en muchos casos, rematados allí mismo o recogidos y amontonados todavía con vida por las palas excavadoras, que se encargaban de retirar los cadáveres, muertos por asfixia.

Ellos son las “perdidas económicas” que los medios difunden, mientras presentan como víctimas a sus opresores.

Imagen: Tras los Muros - www.traslosmuros.com

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La única nota positiva que puede extraerse de esta catástrofe la encontramos en el centenar aproximado de activistas que acudieron al lugar, organizando grupos de rescate para intentar salvar el mayor número posible de esas vidas que a nadie importan, enfrentándose a un escenario dantesco y luchando en solitario ante la pasividad generalizada.

Gracias a su intervención, varios supervivientes han podido ser rescatados. A todos estos animales los querían muertos, pero ni el matadero en el que iban a ejecutarles, ni la riada en la que iban a dejarles morir serán ya su destino. Poco a poco, van llegando a sus hogares en distintos santuarios del estado; espacios de liberación donde vivirán a salvo en un entorno de respeto e igualdad, cuidados y protegidos hasta el fin de sus días. Es responsabilidad de todos y todas apoyar estos proyectos para que puedan seguir salvando vidas y haciendo realidad cada día el ideal de liberación por el que luchamos.

Por otro lado, también cabe destacar el trabajo de los compañeros y compañeras que se desplazaron a la zona para documentar la tragedia y retratarla en su verdadera dimensión, haciendo justicia a las víctimas y denunciando su situación.

Este es el caso del reportaje fotográfico realizado por Tras los Muros, que refleja verazmente la realidad de la tragedia, mostrándola en toda su crudeza:

Las imágenes son devastadoras, pero no es momento de caer en la tristeza, sino de aprovechar lo sucedido en la ribera del Ebro para cuestionar a la sociedad acerca de la injusta relación que mantenemos con los demás animales, para reivindicar su condición como iguales y sujetos de consideración moral y para seguir luchando con más fuerza, si cabe, por el fin de su opresión.