Galgos al desnudo por Ariana Olivares

La asociación Galgos 112, defensora de los derechos de los perros lebreles, galgos y podencos, ha publicado recientemente un calendario con el fin de recaudar fondos para la misma. La polémica no ha tardado en llegar, al mostrar, como es costumbre en la publicidad, mujeres con poca ropa. Se inicia nuevamente el debate sobre el control de la mujer sobre su cuerpo o la explotación disfrazada de empoderamiento.

Foto: Nacho (Flickr)

Foto: Nacho (Flickr)

La asociación Galgos 112 (Associació Protectora de Llebrers Galgos 112) fue creada el 13 de abril de 2013,  en Sant Feliu de Guíxols (Girona), con la finalidad de contribuir en el reconocimiento de los perros lebreles, galgos y podencos como animales de compañía, tanto en el estado español como fuera de él. Actualmente, cuenta con delegaciones en más de 15 provincias y colabora de forma asidua con asociaciones de Holanda, Francia, Bélgica e Italia.  Su labor ha logrado salvar la vida de más de 2.400 animales.

El año pasado, en 2014, la asociación decidió publicar un calendario con fotos de galgos retratados por sus “dueños/as”, personas vinculadas a la asociación. Para el 2015, han contado con la colaboración del fotógrafo Nacho Martínez, así como de diversas modelos. Puedes ver el calendario en el siguiente ENLACE

La polémica surge por la utilización del cuerpo de la mujer como reclamo, convirtiéndolo siempre en un objeto sexuado susceptible de ser valorado por cualquier persona que lo observe, esto es, las masas, lo que significa que algo privado como es nuestro cuerpo, pasa a ser de dominio público. La normalización de las prácticas que se utilizan en publicidad, como la muestra del cuerpo de la mujer parcialmente desnudo frente al traje que ellos suelen vestir, o el uso de posturas en las que la mujer es dominada, visibilizada en actitud pasiva frente a la agresividad masculina o incluso troceada, pues son varios las anuncios en los que se oculta su rostro o se muestran solo las partes más sensuales de su cuerpo.

Esta desigualdad sexista, o la capacidad para identificarla y señalarla, no convierte a todos los hombres en machistas ni a todas las mujeres en víctimas, pero sí permite la denigración de la mujer en los medios y la cultura, al grito de “déjate observar y hacer”. Es posible encontrar en las redes largas listas de anuncios y películas en las que se llevan a cabo estas prácticas.

La solución no radica en reclamar más calendarios de bomberos, ya que por suerte la mujer no demanda la objetivación del cuerpo masculino de la forma en que lo hacen ellos (debido a una educación machista), pues esto sería igualmente sexista. De lo que se trata es de devolver a la mujer la potestad sobre su cuerpo y el respeto que merece, pudiendo ser valorada y apreciada cuando lleva la ropa puesta y no se encuentra en una forzada pose sexy.

Grupos llamados así mismos feministas, como son Femen, proclaman con el pecho desnudo a los cuatro vientos que esa es la manera de empoderarnos. ¿Lo es realmente o es otra idea más que nos han metido en la cabeza y que al final nos deja tal cual estábamos? Es decir, en pelotas. El problema está en que en muchos casos, no tenemos la elección o esta conlleva un precio muy alto, pues las mujeres guapas y atractivas son mejor valoradas y tienen más posibilidades dentro de esta sociedad. Prueba de ello son los mil anuncios y productos que encontramos a nuestro alrededor que nos permiten ser un poco menos imperfectas de lo que somos.

Foto: anw.fr

Hacer algo por decisión propia no hace que deje de ser machista y patriarcal. Nuestras prácticas diarias como maquillarnos, depilarnos, hacer dieta o incluso creencias extendidas como decir que las mujeres son enemigas entre ellas, son una imposición que hemos aprendido desde la cuna, de ahí que ni siquiera nos lo planteemos. Es como rezar un padre nuestro de carretilla en el colegio; lo repites constantemente sin pararte mucho a pensar. Nos depilamos por voluntad propia, cierto es, pero, ¿qué otra alternativa tenemos? ¿Que nos miren mal y nos llamen asquerosas por llevar el pelo natural como los hombres? ¿Que nos exijan en el trabajo buena presencia y un poquito más de corrector de ojeras que se nos ve cansadas? ¿Qué calificativo usarían hacia nosotras si salimos de fiesta con camisa de botones de manga larga y la cara lavada? Y lo que sería peor hoy en día, ¿destacaríamos positivamente? Lo que hacemos, lo hacemos por la presión social y cultural. Cuando lo que hacemos viene condicionado por lo que se considera la norma, seamos conscientes o no, desaparece el concepto de libertad de elección.

Otro aspecto a resaltar en las imágenes del calendario, es la presencia de animales disecados. ¿Qué razonamiento seguimos para considerar la vida de un galgo más importante que la de un ave como en una de las fotos, o tal vez que la del pollo o la ternera que nos comemos en casa? Vivimos en una sociedad hipócrita que se proclama defensora y amante de los animales por el hecho de tener perro en casa, sin cuestionarse si los pájaros estarían mejor libres que en las jaulas del balcón, o si el cerdito de Navidad no habría sido más feliz junto a su madre que en nuestro plato.

Habrá quien, tal vez, me considere una exagerada y una quejica, pero como mujer me gustaría dejar de sentirme presionada por esas imágenes de ordenador que me muestran al tipo de mujer que debería ser pero en la que no quiero convertirme. Quisiera poder caminar por la calle sin oír opiniones sobre mi cuerpo, pues la costumbre es opinar sobre las guapas de las fotos, esas que tan “libremente” participan en la perpetuación de la visión de la mujer como un cuerpo. Y también me gustaría poder ver a una sociedad coherente, que cuando dice defender una causa, ha reflexionado sobre lo que eso supone, sin quedarse en la fotos bonitas de galgos libres.