Entrevista a Rafael Narbona por Jesús Salvi

Rafael Narbona (rafaelnarbona.es), escritor, crítico literario y, sobre todo, superviviente, nos presenta su primer libro: “Miedo de ser dos”, un texto literario que recrea su victoria contra el trastorno bipolar, una enfermedad que durante 20 años amenazó con derribar a este polímata pacifista, animalista y entregado a las causas sociales.

JS: ¿Cómo se define Rafael Narbona?

RN: Fundamentalmente, soy un profesor de filosofía, jubilado por culpa del trastorno bipolar que se mueve en el ámbito de la izquierda humanista. He tenido en algunos momentos posiciones radicales, pero luego he rectificado porque la violencia me horroriza. También mantengo una posición de defensa de los animales y en general de cualquier colectivo vulnerable.

Trabajo como crítico literario en “El Cultural” de El Mundo, donde publico desde el año 2000, estando especializado en novela extranjera contemporánea. Al final, al escribir sobre tantos temas no llegas a tener a veces la perspectiva del especialista, pero yo creo que la especialización empobrece mucho también. Así que profesor, crítico literario, escritor,… y superviviente.

JS: ¿Por qué “superviviente”?

RN: He sobrevivido al trastorno bipolar, que es la enfermedad mental que registra más suicidios, más incluso que la depresión mayor clásica u otras patologías. A mí la enfermedad me golpea con más fuerza en el año 2005, y en el 2006 tuve un intento de suicidio al que sobreviví de milagro y gracias a mi mujer. Es una enfermedad de la que se conoce poco y, sobre todo, que tiene un estigma social muy fuerte. Yo creía que no era para tanto, pero después de ser atacado varias veces por ser bipolar, estoy horrorizado por la falta de comprensión, de humanidad y de solidaridad.

JS: ¿Cómo nace este trastorno bipolar y qué es lo más dañino de sufrirlo?

RN: Opino que la enfermedad bipolar en primer lugar tiene una base genética, bioquímica, y casi siempre aparece en varias personas de la misma familia. Por ejemplo el caso de los Hemingway, pues su padre era bipolar, al igual que el propio escritor y una de sus nietas. Los tres se suicidaron.

Cuando la enfermedad se manifiesta se pierde el control de los actos. Hay dos fases: un brote de manía, que es como un estado de euforia; duermes poco, comes poco, realizas compras compulsivas, proyectos disparatados, tu autoestima se dispara… Y después viene la depresión, que es cuando aparecen los suicidios, la pérdida de esperanza, de interés por todo, la falta de ilusiones… La enfermedad te convierte en otra persona, no dañina ni peligrosa, pero sí una persona incapaz de actuar libremente y con fuertes tendencias autodestructivas. Mi experiencia me ha enseñado que esto solo se puede controlar con medicación, psicoterapia y apoyo familiar a social.

JS: Muchos de los escritos de tu blog tienen que ver con la actualidad política española. ¿Qué opinión tiene de España, en qué tipo de país vivimos?

RN: La crisis ha provocado un desastre social, pobreza infantil, paro masivo, desahucios, suicidios…, no por depresión sino por desesperanza. Pero al margen de esto, también se ha producido un daño muy grande en la convivencia y los valores. Los españoles se habían acostumbrado a convivir con cierta tolerancia. Salvo con el problema del País Vasco, donde existía la violencia, los españoles en los años 90 eran tolerantes con el que no pensaba como ellos, y ahora con la crisis ha aparecido un radicalismo en el que yo también en un momento dado caí.

Estuve dando clases hasta el 2012 y trabajaba en barrios obreros de la periferia de Madrid y veía como venían familias a pedir comida al instituto. He visto padres llorando, desesperados, y al mismo tiempo ves el contraste, la opulencia, la corrupción, la desigualdad. Hay un momento en el que te planteas que, a no ser que haya una revolución popular, que se quemen contenedores y se rompan las lunas de los bancos, no va a haber un cambio político. Pero luego compruebas que ese camino lleva a la deshumanización del otro, a la crueldad, a la barbarie, y he rectificado públicamente.

Yo creo que España tiene un gravísimo problema social que se debe resolver mediante vías exclusivamente pacíficas y democráticas, mediante movimientos sociales, escuelas libres, centros autogestionados y solidaridad.

JS: El siglo XX padeció dos guerras con resultados contrarios: La II Guerra Mundial, donde el fascismo fue derrotado, y la Guerra Civil Española, donde el fascismo prevaleció. ¿Está España libre de cualquier relación con el fascismo? ¿Ha caído realmente el Franquismo en España?

RN: Yo creo que no. Realmente la transición representó un cambio. Pero, por ejemplo, los responsables de lo que fue un genocidio nunca fueron encauzados. Muchos todavía conservan calles. Es vergonzoso ver que el General Yagüe, responsable de la matanza de Badajoz, esté en el callejero.

España es el segundo país del mundo con más desaparecidos. Un país que tenga simplemente 100.000 desaparecidos en fosas clandestinas no es un país democrático. Es una vergüenza que siga existiendo el Valle de los Caídos, un monumento fascista sobrecogedor que humilla a las víctimas del Franquismo. Luego existen instituciones con un marcado carácter franquista como la Audiencia Nacional, que se creó el mismo día que el Tribunal de Orden Público, y que procede del Tribunal Especial para la Represión del Comunismo y la Masonería.

En España hay un régimen que permite mantener a una persona incomunicada 13 días, y en esos 13 días se cometen torturas. España ha sido condenada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. En 2011 vino a España el Comité Contra la Tortura de Naciones Unidas y dijeron que las denuncias de torturas eran creíbles y consistentes.

Tenemos rasgos de la represión del Franquismo con la Ley de Seguridad Ciudadana, con la reforma del Código Penal, con la represión que se está aplicando contra los activistas sociales… Periódicos internacionales como The Guardian han dicho que España se ha convertido en una democracia autoritaria.

Se necesita una segunda transición donde se supere realmente el Franquismo y se avance hacia un modelo distinto de sociedad. Es poco probable, pero sería lo deseable.

JS: ¿Cómo podrían asociarse estas reminiscencias del fascismo con la falta de apego que muchos españoles sienten hacia su país y ciertos elementos considerados por algunos como representativos de la cultura española, como la tauromaquia?

RN: He nacido y vivido en Madrid y no me siento identificado con este país. Los toros me parecen un acto de barbarie. Si representa la esencia de lo español, yo no quiero ser español. Ortega y Gasset dijo que la tauromaquia y la historia de España iban de la mano, lo cual es una tontería porque espectáculos de estas características han existido en Inglaterra y en Francia, pero durante la Ilustración y el siglo XIX se suprimieron. Aquí casi no hubo Ilustración. Es un país que se mantenía casi totalmente apegado al Antiguo Régimen. España hace mucho tiempo que ha dejado de inspirar sentimientos de identificación en muchísima gente, y eso no pasa en ningún país de Europa. La palabra España sigue asociada al Franquismo, a la intolerancia religiosa, a la dictadura. A España habría que reinventarla.

JS: ¿Cómo ves la situación del animalismo en España?

RN: Pienso que el animalismo está creciendo en España, sobre todo entre las nuevas generaciones, que parece que respetan algo más los derechos de los animales, en los que yo sí creo. Tienen derecho a no ser torturados, a no ser separados de su espacio natural, a no ser utilizados en cosmética.

En mi opinión, los mataderos son terribles, son como el Auschwitz de los animales. Pero desgraciadamente, al margen de que estén surgiendo grupos animalistas que defiendan los derechos de los animales, en la España rural hay un nivel de crueldad con los animales que parece casi medieval, algo que ocurre también en algunos países del Este de Europa. La España negra, intolerante, inquisitorial y violenta sigue ahí, no está solamente en la plaza de toros, está también en los mataderos, en la caza, los zoológicos, los circos…

Yo intento ser moderadamente optimista pero también hay muchos motivos para contemplar este problema con desesperanza y con frustración.

JS: ¿Es la implantación de una empatía universal hacia todo ser viviente y sintiente el gran reto que tiene el mundo por delante en este siglo XXI?

RN: Yo creo que el respeto hacia cualquier forma de vida contribuiría a crear un mundo mejor. La compasión hacia los que pueden sentir, hacia cualquier forma de vida susceptible de experimentar sufrimientos complejos, debería ser seguida y respetada.

Un animal que puede experimentar miedo, desorientación, que necesita afecto, evidentemente tiene derechos, y la compasión hacia los animales nos ayudaría a construir un mundo mejor. Lo que pasa es que ahora mismo vivimos en un momento en el que el mundo está en guerra. No lo está Europa, pero las guerras proliferan por Oriente Medio, por Ucrania, en Sudán, y contemplar el mundo desde una perspectiva global ahora mismo no da muchos motivos para ser optimista.