ENTREVISTA A NÚRIA QUEROL I VIÑAS

Nuria Querol i Viñas es especialista en el Estudio de la Violencia hacia humanos y otros animales. En esta en­trevista nos demuestra la importancia de educar en la em­patía para luchar contra los malos tratos, y nos invi­ta a actuar en nuestro entorno para combatir todos los tipos de violencia, la evidente y la “socialmente aceptada”

CL: Estudias la violencia hacia hu­manos y hacia otros animales… ¿Qué relación hay entre ambas? ¿Podemos concluir que el maltrato a un animal de otra especie muestra un potencial violento hacia otro humano?

NQ: Existe evidencia creciente de la asociación entre el maltrato a los ani­males y la violencia interperso­nal en diferentes ámbitos: comisión de crí­menes violentos, violencia de pareja (tanto en parejas hete­rosexuales co­mo homosexuales), con­­tra menores, contra mayores, vio­lencia filio-pa­ren­­tal, bullying… También existe una asociación entre el maltrato a los animales y el trastorno antisocial de personalidad, el trastorno di­social, la psicopatía… De to­dos modos, per­­tenezco a una co­rrien­te de estu­dio de la violencia hacia los anima­les, antiespecista, y reivindicamos un re­­co­nocimiento de la importancia de la crueldad hacia los animales per se, independientemente de que la podamos vincular a otros com­portamientos violentos. Los ani­males no humanos merecen ser to­mados en consideración porque su capacidad de sentir placer y dolor conlleva una responsabilidad ética para la sociedad. Cuando se interpone una de­nuncia por el robo de un smart­pho­ne o una bici, nadie cuestiona que se realice una investigación po­li­cial, se llegue a juicio y se dicte una sentencia… ¿Cuántas veces se es­cucha “bah…si sólo es un perro” y cuántas “bah..si sólo es un iphone”? Es inaceptable que un objeto ina­ni­mado tenga más consideración que un ser vivo.

Por otra parte, no todos los meno­res que maltratan animales se con­vierten en adultos violentos, ni todos los adultos que maltratan animales son violentos con otros miembros de la familia; pero los profesionales que incluyen preguntas sobre bien­estar animal en sus valoraciones e in­vestigaciones pueden determinar patrones de violencia y factores de riesgo para la seguridad de los miembros de la familia y la comuni­dad. Siempre intento hacer hincapié en que el maltrato a los animales debe ser tomado en consideración ya que tiene tres implicaciones so­ciales fundamentales: ética, salud mental y seguridad pública. A modo de ejemplo, comparto algunos de los es­tudios más relevantes en este campo:

En uno de los estudios más conoci­dos sobre asesinos en serie y agre­sores sexuales, Ressler y sus colegas Burgess y Douglas vieron que el 46% de ellos habían torturado ani­males cuando eran adolescentes.

En otro estudio clásico sobre cri­mi­nalidad y crueldad hacia ani­ma­­les, se encontró que los internos condenados por crímenes violentos (agresiones sexuales, homicidios, ase­sinatos, pederastia) presentaban ma­­yor frecuencia de antecedentes de maltrato a los animales que los convictos por delitos no violentos.

En nuestro ámbito, se llevó a ca­bo un estudio pionero basado en una muestra de 50 sujetos, de los cuales casi el 24% estaban acu­sados o condenados por delitos gra­­ves (violentos) o en fase de cum­­plimiento de sentencia por ho­micidio, asesinato o asesinato en gra­do de tentativa, y el 6% por vio­lación (en cuatro casos, de 5 a 23 víctimas por agresor). Se estudió una submuestra de 24 individuos me­diante cuestionarios para evaluar el maltrato a los animales y rasgos psicopáticos de personalidad y con­­ductas antisociales. Se obtuvo una tríada enuresis-piromanía-crueldad con animales en un 23,5% de la muestra, con un 41,7% que admitió haber maltratado animales.

En EEUU empezaron a desarrollar­se en los años 90 estudios en víctimas de violencia de pareja en el con­texto familiar que evidenciaron un fenómeno al cuál no todos los espe­cialistas habían prestado atención o ni siquiera sabían que existía: el maltrato a los animales para ejercer violencia sobre la pareja u otros miembros de la familia.
Algunas de las conclusiones más relevantes:

• El 71% de las mujeres que fueron a una casa de acogida y tenían animal, referían que su agresor le había herido o matado, o había amenazado con hacerlo por ven­gan­za o para ejercer control psi­co­lógico; el 30% explicó que sus hi­jos habían herido o matado animales.

• El 87% de estos incidentes ocu­rrieron en su presencia y, un 75% en presencia de los hijos, para controlarlos y coaccionarlos psico­lógicamente.

• Entre el 25% y el 54% de las mujeres maltratadas no son ca­pa­ces de dejar una situación de vio­lencia debido a la relación con sus animales de compañía si no tie­nen un lugar al que llevarlos con ellas.

• En un estudio, el 70% de los mal­tratadores de animales también te­nían otros antecedentes delictivos. Las víctimas de violencia doméstica con animales de compañía iden­ti­­fican ese este maltrato como un episodio más en una larga historia de violencia indiscriminada contra ellas y su vulnerabilidad.

• Los niños que son testigo de vio­lencia doméstica maltratan ani­ma­les de 2 a 3 veces más a menudo que los niños que no la sufren.

• El maltrato de animales por niños es uno de los indicadores más importantes y tempranos del trastorno de conducta.

• Los niños que han sufrido abusos sexuales son 6 veces más proclives a cometer maltrato hacia los ani­males que los que han sufrido otro tipo de abusos.

• En España y Lationoamérica, el estudio DOMPET está revelando los siguientes datos: sobre porcen­taje de animales que han sido mal­tratados (con la excepción del abandono): El 37.9% de los refugios informó que entre el 25-50% de los animales han sufrido violencia. Aproximadamente, el 79.3% de los refugios ha reconocido una re­lación entre la violencia familiar y el maltrato animal. El 73.9% aún no cuenta con un acuerdo con casa de acogida para mujeres, sólo el 6.8% lo tiene implementado, y el resto están trabajando en el es­ta­blecimiento de un protocolo co­mún. En el 61.3% de los centros de acogida, a las mujeres se les per­mite visitar a los animales, en caso de que hubieran tenido que dejarlo en alojamiento temporal. El 67.1% de los refugios denuncia a la policía si detecta un caso de maltrato ani­mal. Nos parece interesante re­marcar el hecho de que no se inter­pongan denuncias ante un caso de maltrato detectado, y nos resulta preo­cupante que los refugios expre­sen una falta de confianza tanto hacia los cuerpos policiales como hacia la administración de Justicia. Algún refugio indica que el hecho de notificar el maltrato puede poner en riesgo al animal. Sin duda, estas interesantes aportaciones ponen de manifiesto la necesidad de mejorar la protección de los animales dentro del sistema judicial, así como la for­mación y sensibilización de cuer­pos policiales y profesionales del sis­te­ma judicial.

Otros estudios, inicialmente en EEUU e Inglaterra, pusieron de ma­ni­fiesto otro fenómeno que preo­cupó a muchos investigadores y pro­fesionales que atienden a víc­timas: las mujeres retrasaban la marcha del hogar por miedo a de­jar a sus animales si no se les permitía lle­varlos a una casa de acogida. Hay que tener en cuenta que el animal suele ser un importante apoyo emo­cional para la víctima y no quieren separarse de él.

En EEUU, algunas leyes estatales contra la crueldad hacia los ani­males se han endurecido e inclu­so in­cluyen disposiciones basadas en investigaciones que vinculan el maltrato a animales y la violencia interpersonal. Allí 24 jurisdicciones permiten a los jueces incluir a los ani­males en las órdenes de protección en casos de violencia doméstica. En España no existen medidas simila­­res, ni casas de acogida de mujeres que permitan el acceso a los animales con los que conviven, lo que disminuiría la victimización.

En Inglaterra y EEUU existen pro­gramas multidisciplinares que coordinan las labores de distintas ins­tituciones en caso de que se detecte un animal en una situación de vio­lencia. Siempre que sea posible, se priorizará el mantenimiento del vínculo con el animal, permitien­do la entrada de éstos en las ca­sas de acogida. En caso de no ser po­sible, la alternativa suele ser casas temporales de acogida. En España existe un programa re­cién creado lla­mado Freedom Paws Link, dirigido por dos Mossos d’Esquadra, que tiene como objeti­vo la acogida temporal del animal cuando es objeto de mal­tra­to para atemorizar a la víc­tima, y con ello se elimina uno de los factores de riesgo que provocan que la víctima no abandone el ho­gar y pueda así romper el círculo de violencia.

CL: ¿Cómo se puede detectar ese potencial antes de que llegue a ma­terializarse? ¿Y cómo se combate?

NQ: La mejor y más eficaz arma que tenemos es la prevención, en este caso, a través de la educación. Tradicionalmente, nuestra educación ha sido especialmente sexista, ho­mó­foba, edadista y especista…se discrimina a individuos por dis­­tintos criterios arbitrarios co­mo no pertenecer a nuestra mis­ma especie, no ser varones, hete­rosexuales o jóvenes. Sabemos que existen facto­res protectores del comportamiento violento co­mo es la empatía, por lo que se deberían llevar a cabo programas educativos en los que se fomentara su desarrollo. Los pro­gramas de educación humanitaria (mediante los cuales se enseña a niños y niñas a respetar el medio ambiente, a los otros animales y a otros seres humanos) pueden dismi­nuir los comportamientos agresivos en la escuela y desarrollar conduc­tas prosociales. Desde la National Link Coalition, la organización que aglutina a expertos en violencia in­terpersonal y contra los animales, creemos que es necesario actuar en diversos frentes: en el nivel edu­ca­tivo, como he comentado, im­ple­men­­tando políticas públi­cas efec­ti­vas, fo­mentando la inves­tigación, de­­­sa­rrollando programas para la co­mu­nidad y formando a los pro­fesiona­les que pueden detec­tar con mayor probabilidad un caso de vio­lencia

CL: Habitualmente cuando habla­mos de “violencia” o “maltrato” pen­samos en una agresión física con da­ños también físicos, pero tus estudios van mucho más allá… ¿Qué deberíamos incluir en esos conceptos?

NQ: Otros colegas han descrito otros tipos de violencia que van más allá de la física. Consideramos que existen muchas formas de violencia, como la negligencia, las agresiones verbales, el maltrato psicológico, otras que son muy complejas como el Síndrome de Noé… En una in­vestigación en el ámbito sanitario em­pecé a detectar otras formas de victimización a través de los ani­males y otros roles que adoptan los animales en el ámbito de la violencia que van más allá de ser víctimas de maltrato. Los animales pueden ser utilizados (sin ser maltratados di­rec­tamente) para hacer daño a la víc­tima de violencia, por ejemplo, tratándolos muy bien (lo que ge­nera un agravio comparativo en la víctima), o bien dejándolos en el hogar con la mujer al marcharse de casa… si la mujer no deseaba te­ner animales, se encuentra en una situación muy delicada y que supone una victimización. También hemos detectado casos de trastornos del comportamiento y secuelas trau­má­ticas en perros por haber vivido en un entorno violento. Gracias a los expertos etólogos de la Cátedra Fundación Affinity “Animales y Salud” contamos con un recurso excepcional para tratar a estos perros.

CL: Háblanos de la violencia que ge­neralmente no se entiende como tal ¿Por qué es “invisible”? ¿Cómo po­demos combatirla si no la vemos como violencia? Por ejemplo, los ani­males como comida o vestimenta, o la explotación laboral o infantil para fabricación de artículos de con­sumo.

NQ: Cuando hablamos de violencia en general (no sólo hacia animales no humanos), siempre decimos que detectamos la punta del iceberg de la violencia real. Por desgracia, exis­te aún una idea muy estrecha sobre lo que debe considerarse violencia y, a menudo, no se tiene en cuenta a la víctima. Existen otras formas de violencia a las que no se concede la importancia que merecen y esto incluye la violencia institucional y la violencia “socialmente aceptada”. Las instituciones y los paradigmas cul­turales pueden favorecer o, por el contrario, condenar determina­das prácticas. A medida que nuestro desarrollo ético ha ido avanzando éste se ha acompañado de cambios legales a menudo como resultado de una presión social. Como ciudadanas/os tenemos un gran poder para cam­biar las cosas, pero para ello debemos tener conocimiento sufi­ciente y herramientas válidas. Inter­net ha supuesto una gran revolución en la lucha contra la violencia: nos acerca a realidades que no están cen­suradas o filtradas por los medios convencionales. Ahora podemos aden­­trarnos cuando que­ramos en una granja para hacer foie, en un matadero o en un campo de refugiados.  No conozco a nadie que haya visto Earthlings y no le haya hecho sentir y, sobre todo, PENSAR.

CL: La empatía hacia otros indi­viduos de cualquier especie, ¿Es el “an­tídoto” contra la violencia?

NQ: La violencia es un fenómeno muy complejo con diversas causas (biológicas, psicológicas y sociales) que requieren intervenciones y ac­ciones pre­ventivas acordes. No existe una respuesta sencilla a un problema tan complicado, pero sí que, a gran­des rasgos, podemos sugerir que el desarrollo de la empatía constituye un factor protector. Varios estudios sobre intervenciones para prevenir la violencia en escuelas con anima­les de refugios (como el de Sprinkle, pu­blicado en el British Journal of Social Work) revelan que los estudiantes cambian sus creencias sobre la agre­sividad, aumentan los niveles de em­patía y desarrollan menos con­ductas violentas. Otros estudios apuntan que la exposición a la violencia puede reducir la respuesta empática, y que bajos niveles de empatía y eleva­da exposición a violencia favorecen el desarrollo de conductas agresivas.

CL: ¿Cuál es el camino para com­batir todos esos tipos de vio­lencia? ¿Qué papel atribuyes en ese objetivo a los poderes públicos, a los legisladores, al modelo educativo, a los progenitores…?

NQ: Somos el producto de nu­merosas influencias: nuestra bio­logía, có­mo nos han educado, los mensajes que se nos envían, lo que hemos normalizado, nuestro mo­mento vi­tal… Aunque ninguno es abso­lu­ta­­mente determinante, sí que son su­ficientemente relevantes para con­dicionar a un individuo particular y a la sociedad en general. La administración ya no puede ser cóm­plice de violencia ni debe per­mitir su normalización. La violencia ins­titucional me parece una de las más terribles: la víctima se ampara en última instancia en el sistema, el cual debe protegerla… pero ¿có­mo es posible que un sistema sea victimizante? Una sociedad civiliza­da éticamente debe llevar a cabo po­líticas públicas de prevención tanto a nivel de prevención (especialmen­te en el ámbito educativo y formati­vo), detección (que implica la revi­sión continua de los parámetros social­mente normalizados) y gestión.

CL: ¿Y en el ámbito individual? ¿Qué podemos hacer cada uno de no­sotros para ser conscientes de to­dos esos tipos de violencia y combatirlos?

NQ: Recuerdo perfectamente cuan­do conocí a Marc Bekoff… los dos llevábamos una camiseta donde de­cía: `Do something!´ (Haz algo!). Nos reímos muchísimo y ambos es­tu­vimos de acuerdo en que es muy importante que cada persona, por poquito que sea, haga algo…eso ya es mucho. Los/as ciudadanos/as somos una voz fundamental para generar cambios ¡y nos olvidamos! Hay millones de maneras de cam­biar el mundo: desde la ali­men­tación, a la vestimenta, par­ticipar en manifestaciones, tomar parte en acciones virtuales, hablar sobre estas violencias con nuestro entorno, adoptar animales, ser vo­luntarios en refugios, no acudir a espectáculos con animales, apoyar las alternativas a la experimenta­ción con animales, denunciar casos de maltrato… Lo que sea… ¡hazlo!.