ENTREVISTA A ENRIQUE NAFRÍA por Concha López

Los movimientos de liberación han de unirse en un frente común, una lucha común, que elimine de raíz cualquier forma de opresión”

Entrevistamos a Enrique Nafría, activista por los derechos de los animales, convencido de que defender la solidaridad implica cuestionar el statu quo de la humanidad en el mundo, y de que la lucha debe ser global, contra todas las formas de opresión.

CL: Háblanos de tu compromiso animalista, ¿cómo tomó forma?

EN: Durante los primeros años de vida, ciertos mecanismos sociales inhabilitan deliberadamente algunas conexiones con las que nacemos. Sin embargo, acercarse al compromiso con los valores de justicia e igualdad permite recuperar muchas de esas conexiones. No es fácil, porque este proceso requiere desaprender gran parte de lo interiorizado hasta el momento. Personalmente, me resultaron de gran ayuda los análisis materialistas de la sociedad para comprender el proceso de identificación de contravalores que sostienen el sistema actual de relaciones.

El momento justo en el que una persona reconoce la conexión entre las diferentes formas de opresión es clave para darse cuenta de que no es posible seguir trabajando si dejamos al margen de la lucha alguna de ellas. La injusticia que supone la esclavitud que soportan los otros animales a manos de Homo sapiens sapiens es la más evidente y, sin embargo, las herramientas para su institucionalización consiguen que la sociedad humana normalice la tiranía, apelando a mecanismos como la religión, la tradición o la mitificación de la naturaleza –filosóficamente superados hace tiempo- para legitimarla. Nos hacemos antiespecistas cuando reflexionamos acerca de las capacidades que otorgan derechos. La sintiencia, es decir, la capacidad de sufrir y disfrutar, confiere a todo ser que la posee el derecho a buscar su disfrute y evitar su sufrimiento. Negar este razonamiento abre la puerta a la arbitrariedad para decidir quién tiene derechos y quién los reparte.

CL: ¿Qué significa ese compromiso en tu trabajo diario?

EN: Una de las consecuencias del antiespecismo es el veganismo, expresión mínima de coherencia ante la injusticia y la crueldad de este sistema. No obstante, no supone por sí mismo una acción que beneficie a los animales; debemos llenarlo de significado político reivindicativo a favor del igualitarismo.

No creo que exista una fórmula mágica a la hora de hacer activismo o política orientada a la conquista de derechos, así que todas merecen mi respeto y mi atención. De hecho, haciendo nuestra la perspectiva de Lenski, la multidimensionalidad de la realidad nos obliga a tratar de conquistar el mayor número de ámbitos posible. Actualmente, me inclino por la militancia en organizaciones de principios rupturistas. No entiendo un activismo antiespecista que no sea anticapitalista, feminista, a favor del movimiento LGTBI e interculturalista. Participo en el círculo animalista de Podemos y soy militante de Izquierda Anticapitalista; siempre busco la oportunidad de apoyar abiertamente a los santuarios de animales, ya que considero que son uno de los referentes fundamentales del movimiento animalista.

Es crucial, como activistas por los derechos de los animales, que cada una de nuestras acciones esté respaldada por una formación personal y organizativa rigurosa y sólida. Se nos exige mucho más a las personas que luchamos por una sociedad sustentada en la solidaridad, ya que nuestras ideas constituyen una amenaza mortal para el orden establecido. Lo que estamos cuestionando no es un estilo de vida o una forma de relacionarnos, no es solo eso, queremos cambiar el statu quo del ser humano y esto es, posiblemente, el reto más complejo al que se ha enfrentado nuestra especie.

CL: Escribiste “Tercio de muerte. Alegato contra la opresión” para denunciar la realidad de la tauromaquia. ¿Qué análisis haces de la evolución de esa lucha? ¿Cuál dirías que es ahora la realidad de la tauromaquia en España y en el mundo?

EN: La tauromaquia es un prototipo de opresión. En ella se entrelazan relaciones clasistas, machistas, racistas y especistas. En los últimos treinta años hemos comprobado con ilusión cómo la antitauromaquia se ha dotado de una base social y técnica potente. La pregunta es si la parte más importante del declive de la industria se debe a la acción de las activistas o al anacronismo inherente de su actividad. En mi opinión, el movimiento de los derechos de los animales ha dotado de coherencia a las luchas sectoriales. La situación actual de la tauromaquia es de una clara decadencia, y las personas que a diario le hacen frente tienen gran parte de “culpa”.

Uno de los objetivos sobre el que debemos fijar nuestra atención es el del lobby taurino. Los grupos interesados en mantener la tauromaquia utilizan algunos de los antiguos métodos del fascismo europeo para implantar en el imaginario colectivo falacias del tipo “la especie se extinguiría” o “sujeta un gran tejido económico”. Un ejemplo hortera con aires de autoritarismo lo encontramos en el intento de conceptualizar al toro como “el guardián de las dehesas”, como si esta raza fuese la razón de la existencia de dichos ecosistemas. En realidad, la superficie adehesada que alberga a toros de lidia es del orden del 10%. Sin embargo, es preciso insistir en que este argumento es secundario, ya que lo realmente trascendental es que estamos hablando de individuos dotados de capacidad para sentir placer, dolor, miedo, angustia, de seres que disfrutan estando con los suyos y que buscan la libertad. En fin, que quieren vivir su vida igual que nosotras y nosotros queremos vivir la nuestra, un hecho que se encuentra por encima de cualquier otra consideración.

En un principio podría parecer que la abolición de la tauromaquia está cerca, pero la industria continúa amarrada a contravalores tradicionalistas y patriotas mal entendidos que hacen muy difícil su extinción. Es necesario un trabajo político y de concienciación todavía muy duro para que llegue el momento que la mayoría de las personas deseamos. A la vez, es dudoso que el final de este tipo de manifestaciones despóticas se encuentre al alcance de los seres humanos y humanas sin un cambio previo de paradigma en nuestra civilización. Con esto quiero decir que el camino hacia la abolición de los espectáculos que utilizan animales no puede venir de la mano del colonialismo paternalista y caritativo que concede migajas en función de su interés. El planteamiento habrá de ser integral y los movimientos de liberación y emancipación no pueden permanecer en compartimentos estancos, sino que han de unirse en un frente común, una lucha común, que elimine de raíz cualquier forma de opresión.

CL: En tus escritos denuncias esa “opresión” generalizada de la humanidad hacia otros animales. ¿Crees que la ética se va abriendo paso?

EN: La ética, o la razón, se desarrolla, crece, se consolida. Sin embargo, no es capaz de ocupar el lugar que le corresponde. El patriarcado capitalista eurocéntrico y especista lo engulle todo. Podemos engañarnos con la idea de que somos más personas veganas que nunca, pero lo importante es que cada vez hay más animales explotados que nunca. La ética está asumida como un subsistema dentro de la economía, es decir, se interioriza como una opción más, confundiéndola con las diferentes morales interesadas. La oligarquía que dirige el pensamiento dominante, esa que critica con dureza el relativismo cultural a la hora de hablar de los derechos de los otros pueblos, es radicalmente relativista cuando enarbola su falsa bandera de libertad con mensajes del tipo “nadie es quién para decirle a nadie lo que tiene que hacer”. Al final, nos vienen a decir que todo es disculpable si das con la tecla.

Un ejemplo lo encontramos en la oposición propagandística que el sistema emplea contra la violencia, al mismo tiempo que la institucionaliza y legitima radicalmente a través de la represión social, la explotación sobre las mujeres y los pueblos del sur y la esclavitud más cruda hacia billones de animales no humanos. La ética es cada día más sólida en su interior, pero se ve impotente a la hora de influir decisivamente en la construcción de un mundo mejor. Es necesario que olvidemos la idea de que el cambio individual debe constituir el eje central de la estrategia, para plantearnos cómo modificar las estructuras si lo que en realidad pretendemos es que los valores de una ética universal se impongan sobre cualquier otro tipo de principios alejados del bien común; el reconocimiento de los derechos específicos es una parte innegociable en el dibujo de esos valores universales.

CL: ¿Cuáles son, en tu opinión, los retos inmediatos para avanzar hacia una sociedad más ética, más justa?

EN: Construir una alternativa formada por organizaciones dentro del ámbito socio-político que ofrezca garantías para cuando llegue la oportunidad de transformar las instituciones. El reto fundamental es conseguir que todos los movimientos sociales se unan en su lucha contra el enemigo común. Si no trabajamos por un modelo más justo de distribución y acceso a los recursos, simplemente estaremos poniendo parches a situaciones particulares.

Necesitamos conquistar la cultura al mismo tiempo que planteamos cambios estructurales. Es imprescindible un giro en el modelo de relación que introduzca valores de justicia, libertad e igualdad. Desarrollar alternativas al sistema de educación actual será uno de los pilares fundamentales en la persecución de estos valores.

Asumir la otredad como principio hacia el reconocimiento de los derechos de todos los seres sintientes es decisivo en nuestro camino. Para ello, el igualitarismo se erige como el mejor referente para escapar del modelo actual.