ENTREVISTA A ANDRO HEIM por Jesús Salvi

Todo empezó en Málaga el domingo de Ramos de 2013. Turistas y entusiastas locales se agolpaban en las calles de la capital de la Costa del Sol para celebrar uno de los días grandes del calendario malacitano. Allí en medio, entre el variopinto gentío, un hombre llamado Andro Heim busca la oportunidad y la mejor manera de proclamar su idea del “Amor Vegano” a los presentes.

Foto: Andro Heim

Foto: Andro Heim

Su presencia allí no se debe a las bonanzas de ningún vuelo low-cost (tan de moda) o a la milagrosa oferta de última hora de una agencia de viajes. Ha llegado hasta el centro de Málaga a bordo de una modesta bicicleta.

Fue en ese momento y en aquel lugar cuando Andro ató cabos y decidió unir dos grandes pasiones: bicicleta y veganismo. Cogió dos palos, un trozo de tela y construyó una pancarta sobre su compañera de dos ruedas. Aquel fue el primer paso de una gran aventura: la de recorrer Europa acompañado de su bicicleta, la pancarta, sus ideas y un puñado de folletos.

Hoy, más de dos años después, la odisea de Andro sigue viva. Lo que nos hace preguntarnos: ¿qué lleva a un hombre a dejarlo todo y dedicarse con total dedicación a una meta tan sacrificada? «Soy idealista. Lucho por un mundo mejor», es su respuesta. «Y lucho por los derechos de los animales porque su sufrimiento cuantitativo me parece el más grande del mundo».

Andro abrazó el veganismo hace 25 años. Por aquel entonces vivía en un piso en Zurich. Aunque Andro ya era vegetariano, la influencia y los carteles de un compañero vegano le animaron a ir más allá. Por aquel entonces, el término “veganismo” era tan minoritario y exclusivo como desconocido para la mayor parte de la sociedad. Pocos eran los que habían oído hablar de esta forma de vida, y menos aún los que se atrevían a llevarla a la práctica. Pero, tal y como Andro declara, los tiempos han cambiado, y ahora «el veganismo va a crecer de forma exponencial. Cuantos más seamos, con mayor velocidad aumentará el número de veganos». Y añade un dato revelador: «el debate ha avanzado. Y con él los seudo-argumentos para justificar el consumo de animales. Ya es hasta probable encontrar personas antiveganas». Como dijo Gandhi, “primero te ignoran, después se ríen de ti, luego te atacan, entonces ganas”. Alcanzar la fase III de esta célebre cita podría indicar que las argumentaciones en pro y contra de los derechos animales ya no es una riña de barrio. Es un conflicto global que no tardará en resolverse sobre las mesas de cada hogar.

Pero, claro. ¿Dónde está el hogar de un hombre que va de un sitio a otro en bicicleta? Andro, sin duda, sabe la respuesta, y no duda en declarar que los mejores momentos de sus viajes están íntimamente relacionados con ese nuevo hogar temporal: «Lo mejor es cuando alguien me invita a quedarme en su casa. Normalmente duermo en mi tienda de campaña, también cuando me paro en una ciudad. Pero a veces tengo la suerte de encontrar alguien en un parque , en un restaurante o en una manifestación. Alguien que, después de hablar un tiempo, me ofrece su casa».

Conocer a un viajero que ha estado en contacto con personas tan diferentes y países tan diversos nos ofrece una oportunidad sin igual de preguntar qué países están más preparados para este cambio ético. La respuesta nos resulta tan inesperada como interesante. «Bolivia, con su cambio anticolonialista y su “Cosmovisión Andina” exprime una ética alternativa con mucha valoración de la naturaleza y de un estado precolombino sin cerdos, gallinas ni vacas».

Foto: Ethical Magazine

Foto: Ethical Magazine

¿Y qué ocurre en España? Algo curiosamente similar. «Aquellas partes con un cambio igualmente anticolonial, como el País Vasco y Cataluña, son los que parecen más abiertos a una ética vegana».

Pudiera ser que este movimiento anticolonialista y este espíritu insurrecto hacia el poderoso contuviera una valiosa pista sobre qué tipo de personalidad son atraídas por el veganismo con mayor facilidad. Y es que para Andro, como para muchas personas, uno de los mayores enemigos del veganismo es precisamente el miedo al rechazo por ser diferente. «La mayoría hace lo que todos hacen. Todos queremos ir a restaurantes e invitar a comer a gente a casa. Por eso el veganismo y los derechos animales deberían aparecer en las decisiones políticas y provocar un cambio social que hiciera más fácil para todos desistir del consumo de animales». Pero esta metamorfosis social choca de frente con el estado actual del mundo, «una mezcla entre hedonista, capitalista, egoísta e indiferente». Es decir, «la mentalidad de la gente que domina actualmente este planeta». Ante esta situación, hay espectadores que se conforman únicamente con seguir respirando.

Pero afortunadamente, también hay personas que deciden coger su bicicleta y proclamar por todas partes que otro mundo mejor es posible. Gente que no tiene miedo a ser diferente. Gente que no tiene miedo a expresar sus ideas. Gente que va por ahí con una pancarta que grita “Amor Vegano”. Andro seguirá pedaleando. Seguirá tocando las vidas de quienes tengan la fortuna de cruzarse en su camino. Y gracias en parte a personas como él, el veganismo continuará expandiéndose. Y el número de veganos seguirá con su multiplicación bacteriana. Y cada vez será más difícil mantenerse ajeno a lo que Andro ha llamado “el sufrimiento cuantitativo más grande del mundo”.

El cambio es real y parece imparable. Sin embargo, aún queda mucho por hacer, y es por ello que el simpático ciclista no duda en dejar su consejo para que todos pongamos nuestra parte en acelerar nuestro paso hacia una sociedad más ética: «No hay que intentar convencer a unos pocos, sino informar a muchos. Ofrecerles dos opciones alternativas para elegir en su camino de vida. Ya sea la opción vegana, la opción de estar a favor de la abolición sin más o la de quedarse como está. Dar a alguien la posibilidad de elegir su camino y su destino significa hacer a alguien más libre: y eso es el Amor más grande que existe.»

Y, en nuestra imaginación, podemos ver como Andro se aleja pedaleando en su inseparable bicicleta mientras resuena en nuestra cabeza una brevísima autobiografía que nos ha dejado en esta entrevista. Una autobiografía que no necesita más que tres frases para resultar completa: «Yo soy lo que hago. Y conseguiré en cualquiera de los casos aquello para lo que lucho y aquello para lo que me dedico. Porque si no es en este mundo, ya lo encontraré después en mi mundo idealista».