“EL NEGOCIO DE LAS RAZAS” por María González Sola

Resulta muy doloroso visitar una perrera. Son cientos los animales que, tras las rejas, se muestran ansiosos de caricias, tristes, estresados, asustados o indiferentes ante tu presencia. Sin embargo, en las tiendas sólo hay cachorros aparentemente sanos y felices. Es lo que la gente se quiere llevar a casa, pero no es la realidad.

RAZASDetrás de los perros que se venden hay un oscuro negocio. Sea como sea el criadero, los cachorros cuestan dinero y, por lo tanto, todo lo que sea abaratar costes irá en detrimento del bienestar, no ya de los cachorros, sino también de sus progenitores. No olvidemos que por cada camada, hay una madre que lleva varios partos y un padre que solo es considerado el semental. Si cualquiera de ellos enferma y no afecta a la reproducción, seguirá siendo utilizado; si afecta a la reproducción, será sustituido por uno de sus hijos y, generalmente, sacrificado.

Se habla mucho de los criaderos de Europa del Este, y sí, son horribles, auténticas granjas de reproducción de perros, suciedad, hacinamiento, enfermedad y un absoluto descontrol sobre la genética, pero no tenemos que irnos tan lejos para echarnos las manos a la cabeza por las barbaridades que hacen los criadores en España.

En clínica, cada vez vemos más cachorros con enfermedades infecciosas que han recibido un tratamiento inadecuado, lo que provoca que ciertos virus, bacterias o parásitos creen resistencias a los tratamientos que antes eran efectivos. Esto pone en riesgo no solo a estos individuos, por la dificultad para curarles, sino a toda la población canina o felina, la cual puede contagiarse también al estar en contacto con dichos cachorros.

Las enfermedades más frecuentes que vemos en la clínica y que deben ser correctamente tratadas son: el parvovirus, el coronavirus, la traqueobronquitis, la giardiasis, infecciones por ácaros y sarnas, entre otras. Muchas de ellas son evitables con una correcta vacunación o con correctos tratamientos profilácticos, pero todo esto conlleva unos costes. Generalmente, son los propios criadores los que realizan el diagnóstico y el tratamiento, y omitiendo el intrusismo profesional, se convierten en prácticas fuera de la legalidad, ya que sólo un veterinario puede realizar un protocolo de vacunación correcto, un tratamiento antibiótico o un tratamiento antiparasitario. Por supuesto, muchos criadores se han asociado a veterinarios cuya labor no es cuidar de la camada o de los progenitores, sino abaratar costes y dar una mejor imagen del negocio.

A parte de las enfermedades infecciosas, la selección de razas conlleva una reducción de la variabilidad genética, provocando enfermedades asociadas a ciertas razas; las llamadas enfermedades congénitas. La existencia de cada vez más criaderos y el abaratamiento de los costes, conlleva también un aumento de estas enfermedades, las cuales van a complicar la vida del individuo y de su familia, ya que al considerar al cachorro como un miembro más, supone verle enfermar, sufrir y, a veces, morir de forma prematura, además de los gastos veterinarios que supone.

Las displasias de cadera y codo son las enfermedades congénitas más comunes en razas grandes, como labradores, Golden Retrievers, Rottweilers, dogos, pastores alemanes o mastines, los cuales reducen drásticamente su calidad de vida desde cortas edades o aceleran la aparición de artrosis a edades más avanzadas. En animales braquicéfalos como Bulldogs inglés y francés, carlinos, Bóxers o gatos persas, encontramos las enfermedades respiratorias crónicas, que hace que a lo largo de su vida sufran un mayor número de infecciones respiratorias y que, en determinadas épocas del año o con cierto nivel de ejercicio, sufran crisis e incluso colapsos. Luxación de rótula en razas pequeñas como Yorkshires, Shih tzus, o carlinos. Problemas de piel, de oídos y digestivos en Bóxers, Bulldogs, pastores alemanes, Pitbulls, Bull Terriers, Cockers o caniches, que ocasionarán enfermedades crónicas recurrentes a lo largo de sus vidas.

En clínica también vemos a los progenitores de esos cachorros, aunque es más frecuente verles en desalojos de criaderos que han sido denunciados. Son individuos que han vivido en cheniles, jaulas o zulos durante 4 o 5, incluso 9 y 10 años, sin poder moverse y a veces sin ver la luz del sol. Son animales que presentan atrofia muscular por falta de ejercicio, problemas de piel por la suciedad y por el mal estado del pelaje, malnutrición (desnutrición u obesidad por una incorrecta alimentación), desequilibrios nutricionales, hembras con tumores de mama o con infecciones muy graves. Y, sobre todo, animales en un estado psicológico deplorable y en shock al verse rodeados de humanos, ya que durante su vida apenas han tenido contacto y  no se saben relacionar. Otros se desesperan buscando caricias y todo aquello de lo que han carecido durante su vida, pero todos sufren secuelas muy difíciles de reparar, tanto físicas como psicológicas. Sin embargo, las familias que han adoptado a perros o gatos en estas condiciones, coinciden en que aunque no se recuperen del todo, llegan a disfrutar de sus nuevas vidas.

“Personalmente, he llegado a ver a una hembra de Bulldog inglés de 8 años con las almohadillas del grosor de las de un cachorro, ya que siempre había vivido sobre baldosas, sin ni siquiera saber andar en otros suelos y sangrando enseguida. Además, tenía grandes tumores de mama infectados y una úlcera no tratada en un ojo, en el cual había perdido la visión. Aun así, era terriblemente cariñosa.”

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