“EL MUNDO BAJO EL AGUA” por María González Sola

Los peces son individuos únicos e irrepetibles capaces de sentir. Sin embargo, las estadísticas revelan que el número de peces capturados al año en todo el mundo supera abismalmente al de mamíferos y aves para consumo alimenticio; son considerados socialmente una materia prima: “pescado”.

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Foto: Jon Amad

Resulta complicado empatizar con aquellos individuos con los que no nos identificamos; mamíferos, aves y otros animales terrestres nos resultan más cercanos y, por ello, muchas veces podemos vernos reflejados en sus acciones. En el caso de los peces, no percibimos sus vocalizaciones ni vemos expresiones en sus rostros y, por lo general, no tenemos el privilegio de verles en su hábitat. Lo habitual, aunque triste, es verles muertos en los mercados.

En el transcurso de la evolución, los vertebrados hemos desarrollado órganos sensoriales cada vez más especializados, debido a la acción conjunta de las células nerviosas. Aunque muchos científicos defienden que los peces no son conscientes del dolor al carecer de neocortex, se ha comprobado en otras especies que diferentes zonas cerebrales ejecutan funciones similares. Por lo tanto, como decía el biólogo alemán Jakob von Uexküll, “cada especie animal tiene su propio universo sensorial, y el propio organismo es una especie de esfera de reconocimiento del mundo exterior, que es vivido desde el propio mundo interior de ese organismo”. Esta diferente percepción está condicionada por las capacidades sensoriales (sentidos) y por el encéfalo que recoge y procesa esa información.

Se ha demostrado en diferentes estudios que los peces sienten dolor y que su forma de gestionarlo no es meramente instintiva, es decir, son capaces de desarrollar distintas estrategias para evitarlo en función de cómo se genere (morder, restregarse la zona herida, etc.), y cuando reconocen la fuente del dolor o ven a sus congéneres sufrir, son capaces de evitarlo. Además, su sistema nervioso responde de manera similar al resto de animales cuando se les administra morfina u otros fármacos analgésicos, por lo que su forma de percibir el dolor e interpretarlo sería comparable a la nuestra.

Los sentidos o sistemas sensoriales de los peces podemos clasificarlos en tres grupos: mecanorrecepción (línea sensorial lateral, oído, visión y tacto), quimiorrecepción (gusto y olfato) y electrorrecepción.

LINEA SENSORIAL LATERAL:

Consiste en una serie de corpúsculos sensoriales dispuestos a los largo del cuerpo. Estas células sensoriales les sirven para localizar la orientación de las corrientes y a otros peces u objetos en su entorno

OIDO:

Sus oídos internos captan sonidos bajo el agua que nosotros solo detectamos a través de máquinas; algunas especies usan su vejiga natatoria para amplificar los sonidos. Esto puede darnos una idea de lo que sufren los peces recluidos en peceras dentro de las casas, con la cantidad de sonidos que hay en éstas (televisiones, radio, ruidos de puertas, voces, etc.). Según el investigador Reichenbach-Klinke, los peces expuestos repetidamente a música alta desarrollan daños mortales en el hígado.

VISTA:

Las diferentes especies se han adaptado a vivir en hábitats muy diferentes, desde aguas transparentes como lagos y mares tropicales, hasta aguas negras o marrones en lagos o ríos fangosos. Muchas especies de peces ven mejor que los gatos en la oscuridad y son más sensibles que el ser humano a los cambios de luz, pudiendo ver colores y la luz ultravioleta.

La vista, junto a otros sistemas, les ayuda a regular sus ritmos circadianos en función de las horas de luz, incluso regulan con ello sus épocas reproductivas, por eso, cuando se hayan recluidos dentro de una casa, no pueden realizar funciones tan indispensables para regular sus organismos.

TACTO:

Algunos peces se frotan entre ellos, al igual que hacen otros animales. En los laboratorios marinos de Narragansett se comprobó que hay peces que ronronean al ser acariciados.

GUSTO:

Disponen de papilas gustativas en sus labios, bocas y gargantas. Poseen sensores y pelos gustativos en el abdomen y la barbilla, respectivamente, que actúan como lenguas externas. Por ejemplo, el pez gato puede degustar alimentos a distancia.

OLFATO:

En los peces el olfato se haya en las narinas y es un órgano muy desarrollado.

ELECTRORRECEPCIÓN:

Poseen receptores capaces de detectar la diferencia de potencial y los cambios en el entorno a través de la piel. La comunicación eléctrica intra-específica es una actividad social a través de la cual los individuos pueden compartir información de localización, distancia, sexo, conducta reproductiva y variación en el estado de maduración y comportamientos estacionales. En los “peces eléctricos” activos, la descarga del órgano eléctrico puede ser usada para defenderse o atacar.

OTRAS CARACTERÍSTICAS:

Los peces son animales muy sensibles a los cambios de temperatura, pudiendo pequeñas variaciones acabar con su vida, y poseen buena memoria, siendo algunas especies capaces de reconocer a más de un centenar de individuos diferentes durante meses y mostrando incluso síntomas de depresión como aletargamiento, palidez y o caída de aletas cuando no tienen compañía. Recuerdan el rango de cada individuo, el último grado de cooperativismo, la media de éxito en rivalidades de pareja e incluso sus ponederos. Elaboran y retienen complejos mapas mentales sobre sus entornos, aprendiendo dónde encontrar comida, en quien confiar, a quien temer, con quien emparejarse y con quien competir.

Según el biólogo marino Michael Fine, los peces emiten sonidos cuando son pinchados o agarrados. Apretando su vejiga, rechinando sus dientes o frotando algunos de sus huesos, producen sonidos similares a zumbidos y clicks, como si aullaran o sollozaran. Los biólogos marinos han encontrado que a través de la “vocalización”, los peces comunican ciertas actitudes tales como cortejos, alarmas o sumisión entre los de su misma especie, y utilizando sus lenguas y labios, pueden construir nidos o esconder a sus crías del peligro.

¿Sufren los peces?

Cuando los barcos hacen su ruta pesquera, los peces suelen ser arrastrados por el fondo oceánico durante horas dentro de inmensas redes, atrapados entre rocas y otros animales, para luego ser izados desde las profundidades, experimentando entonces una descompresión extrema. Normalmente, la intensa presión interna les rompe la vejiga natatoria, les estallan los ojos y hace que el esófago y el estómago se les salgan por la boca.

Los peces capturados por buques factoría son matados y descuartizados, siendo la mayoría de ellos destripados mientras todavía están vivos y se deja que se asfixien. Cuando son destripados, tardan entre 25 y 65 minutos en perder la sensibilidad, y en el caso de morir por asfixia, entre 55 y 250 minutos.

En el caso de los acuarios, la concentración de químicos del ambiente como tabaco, aerosoles, el amoniaco de sus propias excreciones o el mismo cloro del agua, afectan en gran medida a los peces, tanto a su sistema respiratorio como al nervioso, y al tratarse de un espacio muy limitado donde ni siquiera conviven con individuos de su misma especie, el entorno se vuelve aburrido y sin estímulos, sin tener en cuenta tampoco sus necesidades individuales.

Se hace evidente el sufrimiento ocasionado a los peces cuando son capturados y asesinados para el consumo, o apartados de su hábitat natural. Como cualquier otro ser vivo sintiente, merecen vivir en libertad disfrutando de sus vidas, en lugar de ser un mero recurso para el consumo humano.

http://www.sentirbajoelagua.com

http://www.matanzadeatunes.org/

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