“EL CABALLO: TAN SENSIBLE COMO APARENTA” por María González Sola

Se dice que montar a caballo supone la unión del humano con el caballo. Se enseña como algo natural e igual de placentero para ambos, sin tener en cuenta que los caballos no han elegido estar en ese lugar; ellos no deciden tener ese tipo de relación con los humanos, sino que desde pequeños se les ha obligado a doblegarse.

CABALLOSAl ser el caballo un animal tan grande, se tiene la creencia de que no sufre al ser montado, pero según estudios de la musculatura desde el punto de vista fisiológico realizados por la Nevzorov Haute Ecole, tras 12-15 minutos de ser montados se ve comprometida la microcirculación de la musculatura de la espalda, después de 20 minutos empiezan a sentirla como adormecida y a partir de 25 minutos se producen isquemias y pequeñas destrucciones del tejido muscular con el consecuente dolor.

Existen diversas técnicas para someter a un caballo. Aquí mencionaremos las dos más conocidas: la embocadura y las herraduras.

EMBOCADURA

Se encuentra dentro de la boca, fuera de la vista, y, por lo tanto, de las mentes de aquellos que montan a caballo o que disfrutan de ver a otros haciéndolo.

Las embocaduras articuladas se clavan contra el paladar, por lo que muchos caballos al sentir ese inmenso dolor colocan su lengua entre la embocadura y aquel, provocándoles lesiones en la lengua y, una vez más, muchísimo dolor.

Según estudios de la Nevzorov Haute Ecole, un tirón fuerte del bocado produce una presión de 300 kg/ cm2 , mientras que uno suave una presión de entre 80 y 150 kg/cm2.

Los caballos a los que hiere la embocadura, abren la boca, haciendo constantes gestos de incomodidad, pero cuando muestran síntomas de dolor normalmente son callados con una cabezada más apretada que cierra sus bocas, silenciando así su dolor y su forma de expresarse.

HERRADURAS

El casco descalzo del caballo bombea unos 4 litros de sangre cada 20 pasos, colaborando con el corazón. Al pisar el casco, se flexiona y abre dejando entrar sangre, y al levantarlo del suelo, expulsa la sangre manteniendo un movimiento sanguíneo constante. En un casco herrado, esta función se ve reducida en un 75%.

A su vez, la ranilla (zona córnea, blanda y flexible situada en el interior del casco), trabaja como amortiguador cada vez que toca el suelo. Absorbe impactos protegiendo las articulaciones, tendones y ligamentos. Al llevar herradura, se impide que contacte con el suelo, quedando el casco prácticamente sin amortiguación. Cuando éstos son herrados, se limitan sus funciones sacrificando el bienestar del caballo.

El herraje también supone que se inserten clavos en el casco, que debilitan la estructura pudiendo provocar separación de las láminas, causando dolor y, con el paso del tiempo, insensibilidad. Además, abren paso a bacterias y posibles infecciones. Solamente el peso de la herradura (650 gr por casco) limita la flexión del caballo a cada paso dañando ligamentos y tendones.

A continuación, adjuntamos unas palabras de Madrid Help Horses (http://madridhelphorses.org/), quienes aclaran la realidad que sufren los caballos, utilizados como meros objetos sin considerar sus sentimientos y necesidades:

“Muchos piensan que los caballos usados como deporte, sea de carrera o de salto, entre otros, son unos privilegiados. El hecho de estar en la élite deportiva supone, teóricamente, una vida de lujos, premios y celebraciones, e incluso los más ilusos piensan que al acabar su vida deportiva pasarán a estar en un prado con una jubilación merecida hasta su muerte, sin embargo, nada más lejos de la verdad.

La vida de estos “privilegiados” ya deja de ser un privilegio a partir de los 6 meses, cuando, a tan temprana edad, son separados de su madre para ir con otros potros bajo la supervisión de una yegua con mayor experiencia y avanzada edad.A partir de ahí, su vida pasa de estar en prado o en padock a estar aislados de otros caballos en un box para que se vayan acostumbrando, del mismo modo que se tendrán que acostumbrar en el futuro a estar encerrados en un van y recorrer kilómetros y kilómetros de exhibición en exhibición o de competición en competición.

Pero, antes de llegar a aquel llega la doma; una doma tradicional donde el caballo es forzado a tomar posturas antinaturales, a obedecer y a ser sometido por el humano, y que suele rondar la hora al día, frente a las 23 restantes que estarán encerrados en su prisión llamada box.

El estrés y fuerza a la que se les somete puede llevar a serios problemas de conducta, así como vicios de “estabulación”, es decir, por pasar sus vidas en un box o hacinados en un sitio, del mismo modo que un pony usado para dar vueltas sobre un círculo llevando niños, después no sabe andar recto.

Del “selecto” grupo de caballos usados en carrera o saltos, tan solo una minoría es la seleccionada. Si las lesiones no les han marcado de por vida suponiéndoles su sacrificio, y para sacarles el máximo lucro posible, se convertirán en sementales o reproductores, montando a yeguas que son usadas como máquinas reproductoras, con embarazos constantes y cuyos partos ya casi no logran soportar, para parir un potro de pura raza o con “papeles” que será vendido posteriormente (no es aceptada la inseminación artificial).

Si bien es cierto que cuando llegan a un punto donde ya no pueden ser útiles en competición ni útiles en reproducción, la gran mayoría tienen como destino el matadero, aunque no es el peor destino posible, ya que existen otros como tiro de carro, aunque, por la condición de estos caballos, no suelen ser utilizados para esto.”

Fuentes:

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