“EL ALGODÓN QUE NO ENGAÑA, CERTIFICACIONES Y ETIQUETAS” por Sergio Alday

Diferentes etiquetas, normas, estándares, deno­mi­na­ciones (eco, ético, libre de sustancias tóxicas etc.) puede llegar a resultar confuso y en algunos casos ge­nerar des­confianza, a pesar de ser muy fiables y valiosos a la hora de elegir tu prenda.
A lo largo de varios artículos vamos a proporcionar información de los principales sistemas de certificación de textiles.

Existen 100 millones de personas dedicadas a la industria del algodón, abarcando casi un 4% de la superficie cultivada del planeta, con un consumo aproximado de un 12% de la producción mundial de químicos sintéticos y un 25% de la producción mundial de pesticidas. Existen, por tanto, demasiados intereses económicos implicados como para que las regulaciones nacionales e internacionales sean eficientes a la hora de juzgar al enorme impacto de la industria textil en el medio ambiente, así como en los/as agricultores/as, trabajadores/as y consumidores/as.

Por suerte, están proliferando organismos de certificación privados que controlan la producción de fibras textiles y su manufactura.

Para entender para qué están diseñados los distintos estándares y lo que significa una prenda orgánica y de comercio justo, es importante saber cómo se hace el textil de algodón. Es lo que nos ocupará en esta primera parte.

¿El algodón no engaña?

Producción

Es sin duda el cultivo que más productos químicos tóxicos consume. Estos son algunos de los severos impactos negativos de su producción: pérdida de biodiversidad, la degradación de los ecosistemas y la vida silvestre, agotamiento de recursos naturales como el agua y el suelo, contaminación de los ríos, devastación ecológica para creación de cultivos, envenenamiento (en ocasiones mortal) de millones de agricultores/as y su endeudamiento, atrapados en la “rueda de plaguicidas y semillas patentadas”, que ha llevado a miles de ellos/as a suicidarse. En algunos casos, el coste de los productos químicos llega al 60% del coste de la producción del algodón, y el equipo de protección necesario casi nunca se utiliza, debido a su escasa disponibilidad por tener unos precios prohibitivos, además de no ser apropiado para su uso en climas tropicales.

Tratamiento

Hasta llegar a los tejidos, hay muchas etapas intermedias para procesar algodón a partir de fibras: limpiado, cardado, hilado, revestimiento con almidones o productos químicos, limpieza del revestimiento, encerado, blanqueado, inmersión en sosa cáustica concentrada, teñido y tratamientos químicos de fácil cuidado y otras propiedades.

Todas estas etapas requieren un elevado número de productos químicos tóxicos y peligrosos, poniendo en riesgo la salud de los/as trabajadores/as. Dichos productos químicos provocan también vertidos contaminantes en las aguas residuales de los molinos, y muchos quedan como residuos en el producto acabado, pudiendo afectar a la salud de los consumidores/as.

Añadir que, con posterioridad al tratamiento, algunos de los accesorios utilizados en la confección de prendas (hilos, cremalleras, botones, estampados, etc.) también amenazan el medio ambiente y la salud de los consumidores/as; por ejemplo, con la producción y eliminación de material de PVC o el uso de materiales que pueden liberar cromo, cadmio, plomo, níquel y otros residuos de metales pesados.

Sweatshops

La oferta y demanda de textiles baratos llevó a la industria a adoptar algunas de las prácticas comerciales menos éticas del planeta. Condiciones inaceptables de trabajo que han sido la norma en muchas fábricas de manufactura en los países en desarrollo (Sweatshop), caracterizadas por largas jornadas laborales, salarios extremadamente bajos, medidas de seguridad e higiénicas inexistentes, trabajo infantil, amenazas de muerte, palizas o asesinatos a sindicalistas y reclusión en las factorías, entre otros.

Si deseas ampliar información de estas prácticas, te recomendamos leer “El libro negro de las marcas”.

Fuente: Pesticide Action Network UK