“DOMESTICACIÓN ES ESCLAVIZACIÓN” por Cristina Izquierdo

La especie humana se ha autoproclamado superior a todas las demás, arrogándose el derecho a someter y manipular al resto de animales mediante prácticas como la domesticación, que les despoja de su libertad para convertirlos en esclavos.

A través de la cría selectiva y el confinamiento, el ser humano ha moldeado las características físicas y psicológicas de diversas especies animales con el fin de convertirlas en recursos que explotar y usar en su propio beneficio, ya sea como alimento, vestimenta, compañía o cualquier otro propósito. Este proceso de sometimiento forzoso es lo que conocemos como “domesticación”. Los animales domesticados pasan a ser completamente dependientes de sus “dueños”, pues quedan imposibilitados para sobrevivir en libertad y prosperar por sus propios medios. Los consideramos propiedades, tomamos el control de sus vidas y disponemos de ellas a nuestro antojo. La domesticación es el camino directo hacia la esclavización de millones de individuos, generación tras generación. Todos ellos son descendientes de ancestros salvajes que, en un momento dado, fueron arrancados de su hábitat natural para atraparlos en un círculo de cautiverio sin fin. No son animales domésticos sino domesticados, es decir, seres cuya naturaleza original fue pervertida en aras de satisfacer los intereses humanos; esclavos sin esperanza de liberación.

Mediante la experimentación de todo tipo de cruces selectivos, el ser humano aprendió a manipular la genética de los animales sobre los que ejercía su dominio, con el fin de obtener determinados rasgos que resultaran útiles o atractivos a sus explotadores. Así es como se crearon las diferentes razas, tanto de aquellas especies consideradas “de consumo”, como de las denominadas “de compañía”. El resultado es, en muchos casos, animales con graves problemas de salud, derivados de la selección de características físicas grotescas y antinaturales.

Domesticación es esclavitud normalizada y amparada por el paradigma especista y antropocéntrico dominante, el cual proclama la supremacía humana sobre el resto de animales. Así que, ¿por qué no someter también a individuos de especies salvajes a ese proceso de privación de libertad e independencia para que nos sirvan, por ejemplo, como entretenimiento o compañía? Circos, zoos y particulares sostienen un lucrativo negocio de tráfico de animales, los cuales son capturados en su medio natural o criados en cautividad para su venta. Recientemente, diversos medios de comunicación se hicieron eco del caso de Roger, el primer canguro “doméstico” comprado para servir como “mascota”, tras ser vendido a su nuevo “dueño” por el zoo en el que se encontraba cautivo. Y la noticia recibió, sin excepción, un tratamiento superficial y complaciente; un enfoque amable que, una vez más, da pábulo a la consideración de los demás animales como seres supeditados a los intereses y arbitrios humanos. Roger es una víctima más de la moda de las “mascotas exóticas”, un animal salvaje destinado a vivir en libertad, en su entorno natural, junto a sus congéneres, que ha visto truncada su existencia por la mano opresiva de una especie cuya voracidad parece no encontrar límites.

Ya no es posible reparar el daño infligido a las especies domesticadas, pero sí podemos dejar de tratar al resto de animales como recursos, detener la producción de vidas esclavas y asumir nuestra responsabilidad sobre los ya nacidos bajo el yugo de la domesticación, velando por sus intereses y derechos como individuos y proporcionándoles una vida conforme a los mismos.