“Convenio europeo para la protección de animales de compañía” por Laia García Aliaga

Nuevo marco de protección para los animales considerados de compañía tras la autorización del Consejo de Ministros para la firma del Convenio europeo sobre la materia.

Foto: Hugo A. Quintero G. (Flickr)

En 1987, se redactó un Convenio europeo en Estrasburgo impulsado por la Convención europea para la protección de los animales de compañía junto con el Consejo de Europa. En dicho texto se establecieron principios básicos sobre la tenencia de animales de compañía, así como sobre su cría, bienestar, comercio, entrenamiento y otros aspectos relacionados con los mismos.

Son cuarenta y ocho los países miembros del Consejo de Europa, entre los cuales se encuentran los veintiocho de la Unión Europea. Dicho Convenio fue firmado por varios de esos países, pero España lo ha ido retrasando la friolera de veintiocho años, siendo el país número dieciocho en adherirse a él. Afortunadamente, en septiembre del presente año el Consejo de Ministros autorizó, a propuesta del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, la firma del referido Convenio y ahora es ya sólo cuestión de tiempo.

Es muy importante para la protección de los animales no humanos contar con instrumentos internacionales. Por ello, considero un avance que por fin España se adhiera a este Convenio (sin obviar que se redactó hace casi treinta años y que, con total seguridad, en algunos aspectos ha quedado ya obsoleto).

En el momento de la redacción de este convenio existían dos puntos que fueron muy tenidos en cuenta por sus redactores: el control del comercio de animales y el control de su población. Además, se trataron otros aspectos muy polémicos en España, como las operaciones quirúrgicas practicadas a determinados animales por motivos estéticos o de supuesta comodidad de los humanos (desungular gatos, extirpar cuerdas vocales a perros, amputar colas, orejas…).

Para que entendamos en qué ámbito nos movemos con esta regulación, cabe decir que se aplica únicamente a animales legalmente categorizados como “de compañía”. Por lo tanto, se excluye de su objeto de regulación cualquier animal considerado “de producción” en granja para alimentación o para peletería, así como los animales presos en zoológicos o exhibidos en circos, los utilizados para experimentación o cualquier otro fin científico e incluso los caballos usados para monta. En cuanto a los perros de trabajo (aquellos utilizados por los humanos para trabajar como, por ejemplo, por los cuerpos de seguridad) cada estado miembro decidirá si los incluye o no en su legislación sobre animales de compañía.

Existió en su momento una discusión sobre si incluir o no a los animales silvestres en el marco de protección del Convenio, entendiéndose que aunque podía perjudicarlos quedar fuera de dicho texto, también podía perjudicarlos si a raíz de incluirlos se los asimilaba a la categoría de “animales de compañía” y, por ello, aumentaba el comercio y la tenencia en hogares de especies silvestres que no deben ser alejadas de su hábitat. Finalmente, se decidió incluir tres apuntes en distintos artículos (2.2., 4.3 y 14) para no dejar desamparados a dichos animales pero tampoco incluirlos en toda su amplitud en la regulación pretendida.

Foto: Asociación Defensa Felina de Sevilla

Foto: Asociación Defensa Felina de Sevilla

En cuanto al contenido del Convenio, es fundamental hacer hincapié en lo establecido como principios básicos para el bienestar animal en su artículo tercero. En él se hace referencia a dos obviedades que por desgracia, nuestra sociedad todavía no ha asumido completamente: i) Nadie debe causar a un animal de compañía dolor, sufrimiento o angustia innecesarios (se extiende a la Autoridad Pública). ii) Nadie debe abandonar a un animal de compañía (no considerándose abandono el hecho de entregarlo a alguien, sea particular o entidad, que vaya a encargarse de él). El problema lo encontramos en el término “innecesario”, puesto que su interpretación abre las puertas a considerar ciertos actos causantes de dolor, sufrimiento y angustia como necesarios para un bien superior del animal humano y ello deja totalmente desprotegido al animal considerado de compañía. Qué decir, además, de todas las especies que quedan fuera del marco de este convenio y que no gozan de esta mínima protección básica.

Por otro lado, un aspecto importante que se introduce es la prohibición de dopar a los animales que participan en anuncios televisivos, competiciones y exhibiciones, lo cual se ha venido haciendo con el objetivo de mejorar su rendimiento. Esta práctica quedará prohibida siempre que dicho dopaje pueda acarrear problemas de salud en el animal. Esto puede parecernos insuficiente, puesto que deja abierta la opción de hacerlo si su salud no está en juego y hasta cierto punto estaremos en lo cierto. Sin embargo, debemos destacar que la simple redacción de esta prohibición ya obliga a estudiar y tener en cuenta ese factor, si afecta o no a su salud a corto o a largo plazo, algo que ha sido obviado a lo largo de los años. Así aumenta la protección a los animales usados para publicidad o similares.

A nivel mediático, uno de los titulares más vistos estas últimas semanas ha sido el de “se prohíben las intervenciones quirúrgicas a animales de compañía con fines estéticos”. Considero muy necesario detallar este asunto en concreto, ya que debemos obtener una visión más amplia para estar realmente informados. Este Convenio prohíbe, de forma generalizada, toda operación quirúrgica a la que pretenda someterse a un animal considerado de compañía con fines estéticos u otros fines no curativos. Además, hace hincapié en la amputación de cola y orejas, la desungulación y la amputación de cuerdas vocales, por ser las cuatro prácticas más extendidas que este texto pretende prohibir de forma expresa. Las únicas excepciones serán las operaciones quirúrgicas para evitar la reproducción y aquellas que un veterinario considere beneficiosas para el animal. Además, se estipula que las operaciones que puedan causar dolor severo al animal deberán ser ejecutadas por un veterinario o bajo la supervisión de uno y necesariamente con anestesia.

Con la redacción de este artículo del Convenio se pretendió coartar la libertad de particulares y criadores que, por su propia conveniencia o sentido de lo estético, practicaban operaciones totalmente innecesarias y a menudo crueles a los animales, especialmente a perros y a gatos. También se incluye de forma indirecta la prohibición a otra práctica menos común pero también ya extendida, que es el corte de alas para impedir el vuelo a los pájaros cautivos. Sí seguirá estando permitido tatuar a los animales de compañía, por no considerarse una operación quirúrgica. ¿Qué debemos saber? Que desgraciadamente se da la posibilidad a los países que se adhieran a este convenio a reservarse la prohibición en cuanto a cortar la cola de los perros, si así lo comunica en el momento de su ratificación. Deberemos esperar a ver cómo actúa España ante esto.

Otros aspectos tratados en el Convenio europeo de protección animal son, por ejemplo, el sacrificio de animales y las medidas a implantar para controlar la población de los animales conocidos como “callejeros”. En cuanto al primer extremo, se establece la obligación de llevar a cabo el sacrificio por parte de un veterinario (salvo casos de urgencia extrema o cuando la legislación nacional permita que dicho sacrificio lo realice otra persona) y el deber de hacerlo minimizando al máximo su sufrimiento físico y mental. Además, se prohíben expresamente determinados métodos de sacrifico de animales de compañía, como el ahogamiento o cualquier procedimiento de asfixia que no vaya precedido por una profunda y general anestesia. Es decir, se permite, por ejemplo, la administración de gases CO2 como anestésico previo al sacrificio, pero no la privación de oxígeno para causar la muerte directamente al animal. También queda prohibido sacrificar mediante envenenamiento y mediante electrocución (esta última sí podrá usarse si se ha inducido la pérdida de consciencia previa al animal). En relación con los animales que viven abandonados, el Convenio establece criterios básicos que los países deberán cumplir al elaborar sus legislaciones y medidas administrativas al respecto y ciertas recomendaciones, como la de hacer hincapié en el fomento de las técnicas que eviten la reproducción de perros y gatos para evitar los nacimientos en masa. El Convenio no obliga a las autoridades públicas a capturar, mantener o sacrificar a esos animales, pero sí les permite hacerlo si siguen métodos que denomina humanitarios. Aun así, todas estas disposiciones del Convenio pueden ser dispensadas si el país se encuentra ante riesgo de zoonosis o emergencia similar.

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Foto: Marianne Perdomo (Flickr)

Por último, de forma no vinculante pero sí a modo de recomendación expresa, este texto anima a los países a elaborar programas educativos sobre diversas materias, algunas tan importantes como la no conveniencia de adquirir animales salvajes como animales de compañía y desalentar a la ciudadanía en el uso de animales como regalo o premio y su repercusión en el número de abandonos.

En conclusión, España firmará en breve un convenio europeo existente desde 1987 cuya regulación es la protección de los animales de compañía, adheriéndose así a ciertas obligaciones, prohibiciones y recomendaciones que benefician a las especies objeto de dicho texto legal. A partir de ahora, tanto a nivel estatal como a nivel autonómico empezarán probablemente a moverse nuevas regulaciones cuya base será lo preceptuado en dicho Convenio. Debemos estar atentos/as y desde aquí, animo a todas las entidades de defensa animal a estar alerta y a presentar enmiendas cuando consideren que el borrador de ordenanza de tenencia animal de su municipio, por ejemplo, es mejorable. Si trabajamos sin descanso, lo lograremos.

Laia García Aliaga es abogada - www.laiagarciaaliaga.com