“CARNE PROFUNDAMENTE SOLA” por Xavier Bayle

En el mes de diciembre, un accidente de carretera se cobró la vida de 150 personas en la periferia de Zaragoza. Los medios no hablaron de víctimas; por fortuna, no hubo que lamentar ninguna tragedia. Sin embargo, la sangre llegaba hasta la cuneta.

La crueldad de los sistemas injustos se evidencia en sus fisuras y sus accidentes. Podría hablar de Fukushima o del Prestige, sin embargo, mencionaré uno menor, de tráfico en carretera, por ejemplo, como en el que este pasado diciembre, cerca de Zaragoza, murieron 150 personas. Algunas de las víctimas fallecieron aplastadas por el brutal impacto del camión en el cual eran transportadas, en unas condiciones cuya similitud con cierto tipo de transporte en la Alemania nazi resulta una alegoría demasiado obvia. Otras fueron ejecutadas por las autoridades bajo el pretexto de su propio bien; para evitarles sufrimiento innecesario -sin dar opción a los grupos de voluntarias que querían salvarlas-, aunque el verdadero motivo era como siempre el coste que supondría el tratamiento sanitario de las damnificadas. La persona conductora del automóvil fue llevada al hospital de inmediato, lo cual ya es mucho hacer, al parecer, en un país donde el homicidio irresponsable de los recortes en Sanidad no condena a las políticas por temeridad imprudente.

No se invierte en una vida cuando su valor es apenas su peso, no sale a cuenta, no se estima su validez como víctima real, sólo como pérdida en un negocio donde se trafica con cosas circunstancialmente vivas. El 17 de diciembre, 756 personas eran cargadas en un camión de transporte con destino a un edificio donde serían cebadas en la oscuridad, hacinadas en sus propios excrementos, sobrealimentadas hasta alcanzar el peso óptimo que las convirtiera en algo menos que nada. En unos meses, las supervivientes serán ejecutadas y descuartizadas y los mercados podrán comerciar con su carroña.

Algunas supervivientes vivirán con secuelas traumáticas, no visibles en el momento del accidente; simplemente, no vivirán hasta su peso, entre intensos dolores crónicos, esguinces, cefaleas, pelvis y caderas rotas o hemorragias internas. Se trata de personas muy jóvenes, el equivalente a una humana de 2 o 3 años de edad. Se trata de niñas. No lo he mencionado, las personas accidentadas pertenecían a la especie Sus scofra domestica, comúnmente “cerdo”. Tan personas como nosotras.

Los cerdos sufren el 60 por ciento de los más de cien accidentes de carretera ocurridos por transporte de personas para carne en España durante la última década. Su único contacto con el sol se convierte en su sentencia de muerte. Ello es debido al placer por los jirones de carne ajena de España, cuya frecuencia asciende en fiestas navideñas (paradójicamente, pues aquí la supuesta crisis se manifiesta en su verdadera faz: la crisis ética); cuando se festeja en buena parte del mundo la agónica ejecución de Jesucristo en manos de otros mercaderes, y se hace precisamente mediante ejecuciones sumarias de inocentes. Sí, la crisis definitivamente es ética.

Las sobrevivientes a estos accidentes/consecuencias del llamado sistema alimentario suelen deambular la carretera produciendo otros accidentes, los cuales se cobran las vidas de decenas de personas humanas. La logística del transporte de personas para carne, además, es gestionada por personal sin cualificación ni entrenamiento para estas situaciones, lo cual lleva al caos, al sufrimiento y al dolor añadido. Con tal baja cualificación no me extenderé, pero afecta a todo el ramo de la ganadería industrial.

Ni una sola de las víctimas de este tipo de accidentes se salva, en el asfalto de la carretera o en el hormigón del matadero. El cerdo es una persona que raramente muere de vieja. Mientras escribo este texto, millones de niñas no humanas viajan por miles de caminos del mundo cosificadas, extraviadas, asustadas, desmaternizadas, despersonalizadas, condenadas a no ser sino simplemente a estar, profundamente solas, hasta extremos insoportables de soledad. Al fin y al cabo son sólo carne. Carne profundamente sola.