BOMBAS DE LA PAZ por Concha López

En los años setenta, campesinos de las zonas rurales de Laos comenzaron a hacer cucharas con el metal fundido de las bombas que Estados Unidos había arrojado sobre el país. Ese metal sirve ahora también para fabricar bombas de paz, joyería ética que envía un mensaje de concordia a quien las luce.

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Llevan el nombre de Article22, por el artículo 22 de la Declaración Universal de los Derechos  Humanos“Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional y en conformidad con la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.”

Comenzaron con brazaletes y ahora fabrican también otras piezas, como unas réplicas de aquellas bombas a tamaño colgante y sobre las que se puede leer “bombas de paz” (peacebombs) o “arrojadas y hechas en Laos” (Dropped + made in Laos). También, por supuesto, cucharas.

Laos es el país más bombardeado del mundo. Entre 1963 y 1974 Estados Unidos arrojó sobre su suelo 250 millones de bombas, una cada ocho minutos, todas las horas del día, durante los años que duró esa llamada “guerra secreta” que formaba parte de la más conocida librada en el vecino Vietnam.

Foto: Xieng Khuang, una de las provincias más fuertemente bombardeadas.

Foto: Xieng Khuang, una de las provincias más fuertemente bombardeadas.

Unos 80 millones de aquellas bombas no detonaron, están esparcidas por todo el país y siguen matando. Limpiar el terreno, dicen las ONG, llevaría varios cientos de años.

La joyería de Article22 es triplemente ética: su venta sirve para sustentar a doce familias de artesanos rurales de Laos; cada brazalete, por ejemplo, permite limpiar tres metros cuadrados de terreno que puede ser cultivable; y su mensaje es contundente: incluso un instrumento fabricado para matar puede ser reutilizado para defender la paz.

Cada pieza de Article22 lleva consigo un mensaje, una historia, que es asumida y reproducida por quien la luce. La historia de quienes murieron víctimas de aquellos bombardeos o que siguen muriendo décadas después, muchos de ellos niños, porque la guerra terminó pero sus consecuencias se quedaron en su tierra, en sus fincas, en sus cultivos, en los que trabajar aún hoy implica jugarse la vida. La historia de quienes quieren reconstruir su país en paz y rebelarse contra la violencia. La historia, también, de quienes  queremos contribuir a esos objetivos.

Justo Aki ha traído a España las bombas de la paz para que aumentemos su impacto, y para que de él se beneficien quienes son peor tratados en nuestra sociedad: los animales. La totalidad de los beneficios por su venta irán al santuario elegido: Santuario GaiaEl Hogar-ProVegan o Wings of Heart.

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