“ANIMAL MAN: EL ANIMALISMO SEGÚN GRANT MORRISON” por Raúl Carrasco

En la Edad de Bronce del cómic (años 70 y 80), el peor enemigo al que tenían que hacer frente los héroes no era un megalómano disfrazado con ansias de poder, eran las drogas, el racismo, el SIDA y los prejuicios sociales. En medio de aquella época de convulsión y cambio, un escritor escocés de nombre Grant Morrison abordaba el controvertido tema del especismo”

Animal_Man_Vol_1_15En sus inicios, el mundo del cómic, especialmente el cómic americano que es el que quiero abordar, abanderado por Superman y Batman desde los años 30 y más adelante por Spider-man en los 60, había estado tradicionalmente ligado al público infantil. Sin embargo, a partir de los años 80, las historias que se narraban comenzaron a volverse sombrías, complejas y, por qué no decirlo, maduras. La línea ética que separaba el bien del mal, la cual hacía que un personaje con mallas fuera considerado héroe o villano comenzó a difuminarse, dejando muchas veces sabores agridulces y victorias pírricas en la conclusión de las tramas. Las editoriales, con especial énfasis en la grandes compañías Marvel y DC, trataban de captar al lector adolescente y adulto, invitándoles a reflexionar sobre aquellos dilemas morales de los que estaban siendo testigos. De todos los guionistas que tuvieron oportunidad de participar en esta, por así decirlo, pubertad del mundo del cómic, fue el escocés y vegetariano Grant Morrison, quien aprovechó la ocasión para abordar el –muy- controvertido tema del animalismo.

Animal Man, personaje creado por Dave Wood y Carmine Infantino en 1965, había sido un secundario sin mayor trascendencia en DC, con breves apariciones en algunas cabeceras como Strange Tales, Action Comics –en la que Superman hizo su primera aparición en los años 30- o Wonder Woman, hasta la salida de las llamadas Crisis en Tierras Infinitas en 1985. Tras esta famosa macro-saga que definió el statu-quo de todo el universo DC, Animal Man obtuvo su propia serie limitada de 4 números, que acabó convirtiéndose en serie regular debido a su gran éxito. Una colección a cargo de Grant Morrison, Chas Truog y Doug Hazlewood (estos dos últimos a cargo de las ilustraciones), con unas increíbles portadas de Brian Bolland, y que contaría con la presencia del guionista escocés durante poco más de 2 años (26 números).

Aunque Animal Man no se centró exclusivamente en el campo animalista, las ocasiones en las que lo hizo, abordó este tema con sensibilidad y crudeza, tratando de impactar anímicamente en el lector para que reflexionara sobre esta dura realidad, de forma análoga a la difusión que se hace actualmente de contenidos de esta naturaleza en las redes sociales. Así, el comienzo de la colección nos muestra a un Buddy Baker –nombre real del protagonista- concienciado con el mundo animal y declarándose abiertamente vegetariano ante su perpleja familia (recordemos que nos estamos remontando a los años 80, en los que declararse vegetariano era poco menos similar a declararse extraterrestre). La primera trama titulada “El Zoo Humano” aborda, a través de los simios, el tema de la caza, la experimentación animal y los zoológicos, obligando al protagonista a hacer frente a un “villano”, cuya única motivación es intentar proteger a los animales de la crueldad del ser humano.

Animal_Man_Vol_1_05El número 5, titulado “El Evangelio del Coyote”, inmediatamente posterior, es especialmente destacable, quizá porque sin pretenderlo –o quizá pretendiéndolo- Grant Morrison hablaba ya en aquella época de lo que la psicóloga Melanie Joy denomina “carnismo”; la influencia social, mediática y psicólogica que origina la pérdida de empatía hacia ciertas especies. Esta mini-saga nos muestra una versión de carne y hueso de  Willie E. Coyote, el simpático coyote de Warner Bros., que persigue incansable al Correcaminos mientras sufre todo tipo de caídas, atropellos y golpes. A diferencia de los episodios animados, Morrison describe con todo lujo de detalles las dolorosas y traumáticas sensaciones que experimenta en sus carnes el personaje –quien, por cierto, narra la historia en primera persona-, tanto en el momento de sufrir las heridas como al curarse “milagrosamente” de las mismas, para seguir así persiguiendo incansablemente a su acérrimo enemigo. Un grito a la conciencia de que todo dolor, por muy divertido que parezca, sigue siendo dolor. El propio Bolland ilustra perfectamente esta idea en la portada, con un Buddy tirado en la carretera y atravesado por huellas de neumáticos.

La saga “The Devil and the Deep Blue Sea”, en el número 15 (no recuerdo la traducción que se le dio en castellano, pero sería algo así como “El Diablo y el Azul Profundo del Mar”), es de una sensibilidad colosal que siempre logra emocionarme. En esta historia, Morrison trata el tema de la caza de Delfines, poniendo a Animal Man en una situación en la que debe decidir si ser fiel a la ley o a sus propios principios, y mostrando que los animales no humanos pueden tener tanta o más conciencia que el ser humano.

No he querido entrar más en detalle en cada una de las historias porque no deseo reventar la trama a aquellos lectores que decidan acercarse a esta, para mí, fabulosa etapa. Únicamente advertir que, si bien el tema animalista queda relegado a un segundo plano frente a otras tramas fantásticas y de ciencia ficción a lo largo de los 26 números, la imaginación de Morrison siempre encontraba un hueco para que la conciencia del mundo animal estuviera presente de una u otra manera en la colección.

Mucho más tarde, en 2004, Grant Morrison volvió a tratar el tema animalista en la novela gráfica “We 3”, ilustrada por el detallista Frank Quitely y publicada también por DC dentro del sello Vértigo para adultos. Protagonizada por un perro, un gato y un conejo, convertidos en poderosas armas militares mediante la experimentación animal, la novela nos narra la fuga de estos animales del complejo científico en el que estaban encerrados, tratando de escapar de una violencia que no comprenden.

Si bien todos estos cómics son de una calidad extraordinaria que invitan a la reflexión, espero que algún día no necesitemos de ningún cómic, novela o película para hacernos reflexionar acerca del sufrimiento animal. Hasta entonces, gracias Morrison.

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